El 14 de enero de 2021, el medio digital elTOQUE conversó en vivo con Mauricio De Miranda Parrondo, experto en Economía Internacional y profesor titular en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, sobre la llamada Tarea Ordenamiento.

Como parte del Servicio de Información Coronavirus en Cuba compartimos una versión en texto del intercambio:

Ana Lidia García: Me gustaría comenzar con el tema de las tasas de cambio. ¿Qué consecuencias puede tener el desequilibrio entre las tasas de cambio oficial e informal?

Mauricio De Miranda: Lo primero que me gustaría decir es que colocar la tasa de cambio unificada en 24 pesos por 1 dólar fue un error. ¿Por qué un error? Porque esta era la tasa que funcionaba en las Casas de Cambio (Cadeca). Esa tasa debería ser la tasa que aseguraba lo que en Teoría Económica se denomina el anclaje nominal de la moneda cubana, porque esto viene por el CUC. Es decir, 1 dólar equivalía a 1 CUC y 1 CUC a 24 pesos. Entonces, supuestamente los CUC que circulaban estaban respaldados en su totalidad por dólares.

Sin embargo, hace mucho que eso no es así; han sido emitidos CUC sin respaldo en dólares. Esto ha traído como consecuencia que en la práctica incluso ese tipo de cambio estuviera sobrevaluado. ¿Qué significa que algún tipo de cambio esté sobrevalorado? Que vale más de lo que debería valer. Por tanto, las exportaciones del país se encarecen; el país resulta más caro para los turistas extranjeros; las importaciones se abaratan.

Lo adecuado habría sido establecer un tipo de cambio que se correspondiera con la realidad; es decir, que representara el nivel de paridad real entre la moneda cubana y la moneda estadounidense, y que permitiera realmente establecer precios relativos entre la economía cubana y la economía internacional, que estuvieran adecuadamente fundamentados.

Otro problema es el momento en el que el Gobierno toma la medida. Estamos en medio de una pandemia que ha afectado la capacidad de generación de divisas de Cuba. El turismo no puede funcionar normalmente. Además, se han afectado las remesas por la crisis económica internacional, por las medidas restrictivas impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos. Otra fuente de divisas, que son los ingresos por servicios profesionales, en su gran mayoría contratados por Venezuela —esa información lamentablemente no se publica de manera accesible—, al aplicar la lógica racional y teniendo en cuenta la crisis en ese país, muy difícilmente deben estarse pagando de una manera sistemática.

Se adopta una medida que se debió haber tomado hace muchísimos años, no los diez de los congresos del partido y de su inclusión en los lineamientos, sino muchos años antes. Este es el peor momento para la economía cubana, en el cual se ha podido verificar una contracción similar a la del período especial.

La política económica no solo tiene que tener en cuenta la necesidad de adoptar medidas, sino la oportunidad y la pertinencia de adoptarlas en un determinado momento. Lo que aconsejaba la teoría económica y la práctica, además, era establecer un tipo de cambio mucho más alto, de manera que poco a poco, cuando las condiciones fueran mejorando, se pudiera ir rebajando y el propio mercado lo permitiría.

En estos momentos, se está generando un nuevo fenómeno de distorsión en los precios relativos y en las condiciones económicas. Es decir, se está adoptando una unificación monetaria para solucionar una distorsión que viene desde los años 60, pero generando una nueva distorsión.

Se está generando un nuevo fenómeno de distorsión en los precios relativos y en las condiciones económicas (Foto: Sadiel Mederos).

Ana Lidia García: ¿Esa tasa fija que ha impuesto el Gobierno pudiera ser cambiada a partir de la presión que ejerce el mercado informal? ¿Qué medidas deberían implementarse para equilibrar estas tasas?

Mauricio De Miranda: La política económica oficial tiene los resortes para hacer eso; el Banco Central perfectamente puede corregir la tasa de cambio. Lo que llama la atención es que tengan que corregir tantos elementos cuando debieron haber pensado mejor las decisiones a tomar, y adoptar las que estuvieran realmente bien fundamentadas.

Hay un problema de fondo: todas las medidas que están asociadas  la Tarea Ordenamiento están planteadas desde la esfera de la circulación, no desde la esfera de la producción. Los clásicos de la economía política, y su gran crítico Carlos Marx, nos enseñaron que es la producción la que determina qué se distribuye, cómo se distribuye, cuándo se distribuye. Lo primero que había que solucionar eran los problemas de la producción. Había que tomar medidas económicas y legales para asegurar el crecimiento de la producción.

Desde julio del año pasado, se habló de que se cambiaría el sistema de autorización de trabajadores por cuenta propia de una lista de actividades permitidas a una lista de actividades no permitidas. Nada de esto se ha hecho. También en julio se anunció la implementación de las pequeñas y medianas empresas privadas y pequeñas empresas estatales, privadas y cooperativas. Nada ha pasado al respecto.

Con estas, junto con una serie de medidas estructurales que deberían asegurar la mayor autonomía de la empresa estatal, se garantizaría una reforma del sistema empresarial en el país, que debería conducir a un incremento de los niveles de producción de bienes y de servicios.

Uno de los problemas vinculados a la Tarea Ordenamiento es la inflación. El mejor antídoto que hay contra la inflación que, por demás, es el más fuerte impuesto para los pobres, es precisamente lograr que aumente la producción de bienes y servicios, porque la escasez es una razón de aumento de precios en condiciones de un mercado. La imposición de precios topados no resuelve el problema, porque el precio topado lo que hace es ahuyentar al productor o al oferente de bienes y servicios.

Se habla mucho de la necesidad de desatar las fuerzas productivas, pero pareciera que los nudos son tan fuertes que no se logran soltar, porque no se están tomando las medidas necesarias, como crear un clima favorable al desarrollo de los negocios y dejar de anatematizar los negocios, sean privados o cooperativos. Hablar de socialismo significa incrementar el bienestar y esto lo recuerdo de una reunión que tuve hace muchos años en una visita que hicimos varios economistas cubanos a Vietnam. Conversamos con uno de los asesores que en el inicio de la reforma vietnamita fue secretario general del Partido Comunista Vietnamita: Le Dang Doanh. Y el profesor nos decía que socialismo para ellos era incremento del bienestar de la población. Hay que desprenderse de unos cuantos dogmas que están impidiendo que se tomen las medidas necesarias.

Hablando de dogmas, es muy importante considerar que la economía cubana no genera suficiente ahorro interno; por tanto, hay que importar ahorro. La mejor manera de importar ahorro no es contratar préstamos, sino estimular la inversión y para estimular la inversión hay que crear un buen clima de negocios.

Hay que ofrecer garantías, pero no solo al inversionista privado, también al inversionista nacional. Con esto estoy considerando incluso a los cubanos que residen fuera de la Isla. Eso implica cambios que van más allá de las cuestiones económicas, que tienen que ver con cuestiones migratorias, sociales, incluso con cuestiones de carácter político, incluidas modificaciones en la actual Constitución de la República de Cuba.

Ana Lidia García: Hablemos del problema agrario y de la necesidad de hacer una reforma integral del agro cubano.

Mauricio De Miranda: Una reforma integral del agro cubano implica la introducción de normas de mercado en el agro y, por tanto, del reconocimiento del rol del intermediario en el proceso de comercialización. Lo que no se puede permitir es que un intermediario monopolice la oferta, porque estaría en condiciones de imponer precio.

Acopio es una especie de intermediario monopolista o cuasi monopolista. Hay elementos de afectación, sin duda alguna, porque los precios de Acopio están resultando precios desestimulantes para el productor agropecuario. Hemos visto que se han publicado precios por parte del Estado en los productos agropecuarios e, incluso, se han publicado precios de acopio a los productores. No hay una voluntad clara de eliminar esta situación.

Es inaudito que Cuba tenga que importar pollo. Veamos las estadísticas de la producción de pollo en los años 50 en el país. Cuba tiene la tierra, el clima y demás condiciones para favorecer una serie de producciones agrícolas, que garantizarían la alimentación de la población. El problema es que hay que revisar la estructura del sistema agropecuario.

Cuba tiene condiciones para favorecer producciones agrícolas que garanticen la alimentación de la población (Foto: Sadiel Mederos).

Ana Lidia García: ¿Cómo afectan los topes de precios al sector privado y al resto de la población?

Mauricio De Miranda: Las consecuencias de establecer topes de precio que no guardan relación con las condiciones de mercado ya se han visto. Cuando se aplican, las reacciones del mercado pueden ser: los bienes y servicios cuyos precios están topados en unas condiciones que se alejan del mercado desaparecen o escasean; se dinamiza el mercado negro, es decir, convierten al oferente de ese tipo de bienes o al comercializador en delincuentes.

Entonces, se adoptan medidas punitivas que promueven la ilegalidad en lugar de eliminarla. Las medidas deben ser racionales, para no darle espacio a la ilegalidad y permitir que los distintos agentes del mercado y el mercado mismo puedan funcionar de una manera transparente.

Quiero llamar la atención sobre unos precios que parece que no han sido considerados en esta ecuación. Hay que tener muy claro que, desde la creación de las llamadas tiendas de recaudación de divisa, los productos que se vendían en estas tiendas estaban por encima de las posibilidades de adquisición de la inmensa mayoría de la población cubana, a partir de los niveles de ingreso que esta tenía. En la cuenta que nos hacen para hablar del incremento actual de los precios, estos no aumentan porque se convierten: si valía antes 10 CUC, ahora vale 240 pesos.

Pero esa no es la cuenta que hay que hacer, porque muchos de esos productos ni siquiera incorporan materias primas importadas, son de producción nacional. Para esos productos no se debería haber colocado la simple tábula rasa de 24 por 1, sino adecuarlos a las condiciones de la economía, porque si no, es mantener esos mismos productos fuera de las posibilidades de la mayor parte de la población cubana.

Ana Lidia García: ¿Cuál debe ser el precio de venta de un producto a partir de su precio de costo?

Mauricio De Miranda: No existe una fórmula mágica para el tema del establecimiento de los precios. Sí hay una serie de elementos que hay que tener en cuenta. El precio tiene que considerar el costo de producción, de eso no cabe duda. Alguna vez escuchamos a Marino Murillo en una Mesa Redonda decir: “Consideramos el costo de producción más una tasa de ganancia”. ¿Cuál es la tasa de ganancia? Si queremos saber cómo se calcula la tasa de ganancia y cómo funciona la tasa de ganancia, yo recomiendo leer a Marx, el tomo 3 de El capital, para que veamos cómo funcionan las tasas de ganancia en el capitalismo, cómo tienden a nivelarse como resultado de la competencia; es decir, ninguna entidad estatal puede determinar cuál es la tasa de ganancia.

Los productores suelen determinar cuál es la ganancia esperada, lo que Keynes llamaba la eficacia marginal del capital, cuánto me va a producir mi capital invirtiéndose en determinada actividad económica. Dicho de una manera muy sencilla: es la ganancia esperada por el inversionista. Todo eso funciona en el mercado, es el mercado el que lo determina. Si quiero poner una tasa de ganancia del 200 % al producto que estoy ofreciendo, probablemente el mercado no esté dispuesto a pagármelo. Entonces, tendría que rebajar la tasa de ganancia o dejar de producir. Es así como funcionan las cosas.

Ana Lidia García: ¿Cómo valora la situación de los jubilados como resultado de las medidas anunciadas? ¿Cuáles podrían ser las alternativas a tener en cuenta para este sector?

Mauricio De Miranda: El problema principal es evidente: las pensiones no alcanzan, no son suficientes para garantizar las necesidades básicas de la mayor parte de los jubilados del país. Me gustaría muchísimo ver la fórmula para determinar la canasta de bienes y servicios, que se evaluó en 1 528 pesos. Me gustaría verla porque a mí la cuenta no me da y a muchos de los jubilados, tampoco. No tengo elementos para decir que es incorrecta, por eso digo que me gustaría verla.

Sin embargo, mi punto es que las pensiones en Cuba, como los salarios, el lado de los ingresos, se han desfasado durante las últimas tres décadas, frente al costo real de la vida.

Ahora bien, en el tema de las pensiones de jubilación varios representantes del Gobierno han expresado que nadie será abandonado a su suerte. Asumamos que esto es cierto, pero las pensiones de jubilación no deben estar determinadas por una condición de asistencialismo. Los jubilados cubanos que durante 30, 40 e incluso 50 años estuvieron trabajando para construir un país mejor, para dejárselo a sus hijos, a sus nietos, merecen un tratamiento digno.

Me pongo a pensar en que fueron esas personas las que hicieron la revolución, las que acometieron con desprendimiento y espíritu de sacrificio todas las tareas que implicaron la campaña alfabetización, los trabajos voluntarios, la zafra azucarera, sin pensar en una remuneración. Esa gente merece un tratamiento más justo y no uno asistencialista.

Además, hay que tener en cuenta que justamente por ese desfase del que he hablado, los ingresos que tenían esas personas en los 70 y los 80 por su trabajo les permitían una determinada capacidad de adquisición que está muy lejos de ser la capacidad de adquisición que le permite la pensión de jubilación hoy.

Puedo aceptar el argumento de Marino Murillo en la Mesa Redonda de que antes las pensiones aseguraban un 68 % de las necesidades de la canasta de bienes y ahora garantizan el 100 %, eso está muy bien. El problema es: calculemos la canasta a ver si efectivamente esa es la que es. Eso para empezar. Si mejoró de 68 a 100 está muy bien. Pero es que eso no es suficiente, porque no creo que sea justo que la mayor parte de los jubilados de Cuba perciban una pensión de jubilación inferior al salario mínimo, inferior a la actividad menos compleja, con menor remuneración por su menor complejidad.

Hay países capitalistas donde la pensión de jubilación es, al menos, el salario mínimo. Entonces, dejémoslo sobre la mesa para que podamos seguir discutiendo si esto en el socialismo es justo o no.

El otro tema es que hay una realidad diferente: 1.7 millones de pensionados; una población envejecida. Dos elementos son claros: el aumento de la expectativa de vida al nacer como resultado del mejoramiento de las condiciones de salud y la disminución de la tasa de natalidad.

Un tercer elemento es el aumento de la emigración de la población joven que no encuentra posibilidades de realización en su país. Hay que crear las condiciones para que esa emigración no tenga que producirse. Que se vaya el que quiera irse, pero que no sea realmente una necesidad para realizarse profesional o económicamente, o incluso, para ayudar a su familia.

Las pensiones y los salarios se han desfasado durante las últimas tres décadas, frente al costo real de la vida (Foto: Sadiel Mederos).

Ana Lidia García: ¿Cómo valora el problema de la desigualdad social en Cuba?

Mauricio De Miranda: En el mundo entero se calcula y se monitorea el nivel de desigualdad en una sociedad con el cálculo de una serie de indicadores, mediante instrumentos matemáticos, pero para eso hace falta información que no tenemos. Estoy seguro de que hay sociólogos, economistas, matemáticos que están detrás de este tipo de estudios. Asumo que se hacen, pero no salen a la luz. Y como no salen a la luz, no podemos discutir un fenómeno que vemos todos los días en la calle: la desigualdad está incrementándose.

Lo peor, no se está incrementando debido a una diferente participación de la gente en el proceso de producción. Se está incrementando porque unos tienen familiares en el exterior que los ayudan con remesas y otros no los tienen, porque unos trabajan en el segmento emergente de la economía y otros no, porque unos trabajan en empresas donde sus ingresos tienen relación con los resultados de la producción y otros reciben un salario fijo en una unidad presupuestada.

No puede darse una circunstancia en la que la sociedad se empiece a diferenciar por razones distintas a la participación de cada cual en el proceso de creación de valor, en el proceso de trabajo; porque si eso se produce, se están erosionando las bases, incluso las bases sociales del sistema que se preconiza, y las consecuencias son gravísimas. La historia económica lo muestra.

Ana Lidia García: ¿Cuál es su criterio en torno al sobreempleo en el sector estatal?

Mauricio De Miranda: Desde hace rato se dice que en el sector estatal hay sobreempleo, es decir, que hay más personas que las que realmente deberían estar empleadas con un criterio de eficiencia económica. Eso no es nuevo. Se menciona desde la época del Sexto Congreso del Partido, incluso desde antes de 2008, cuando desde el Gobierno se comenzó a hablar de la necesidad de reformas económicas.

En la medida que se promueva el emprendimiento privado, cooperativo, la creación de otro tipo de empresas, se va a producir un desplazamiento de trabajadores. El mercado laboral es un mercado que funciona por todos lados: las empresas compiten por los mejores trabajadores y los trabajadores compiten por las mejores empresas.

Ana Lidia García: ¿Considera que las criptomonedas son una alternativa para Cuba ante la imposibilidad de acceder a otro tipo de divisas?

Mauricio De Miranda: No soy un especialista en el tema, pero tengo una gran reserva con las criptomonedas. Los defensores de las criptomonedas podrían decir que son la emisión más democrática del mundo, porque no depende de ningún banco central ni de ningún Estado. Precisamente por eso es que son muy peligrosas. Hay un ente global que produce un dinero que no está respaldado en la producción.

Con el movimiento del bitcóin, en específico, se ha generado una espiral especulativa. Las burbujas especulativas son lo peor que le puede pasar a una economía. Por eso, no creo que el bitcóin sea una alternativa. La manera de obtener divisas es exportar bienes y servicios. Mientras haya dificultades en la obtención del dólar, se pueden obtener euros, libras esterlinas, francos suizos y hasta yuanes.

Ana Lidia García: Muchas gracias por su participación en este intercambio.

Gracias a todos los que nos acompañaron.

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