Este pudiera ser un reportaje sobre un edificio en Cuba con prestaciones tecnológicas del siglo XXI: ahorro, independencia energética y facilidades para el reciclaje. Un inmueble de 16 apartamentos con cero emisiones de elementos contaminantes. Sin embargo, está muy lejos de ser la obra moderna que se describe en el epígrafe 1.2.2 del Proyecto No. 12188, PIMS 1443, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) : “Demostración de enfoques innovadores en la rehabilitación de bahías altamente contaminadas del Gran Caribe”. Es un inmueble de cuatro pisos, ubicado en Calle 70, No. 8006A, entre 76 y 78, Reparto Casablanca, Municipio Regla, La Habana, muy cerca del paradero de ómnibus del reparto Bahía. Luce como cualquier edificio de microbrigadas construido en los últimos 20 años; está pintado de marrón y naranja y es, para decirlo con toda claridad, un edificio feo.

Un camino sin asfaltar, enlodado a causa de una cisterna que se desborda constantemente, y la hierba alta cubriendo el acceso a la acera son la antesala del “edificio ahorrador”, título que la prensa nacional le otorgó en 2011.

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Edificio Cero Emisiones de Casablanca (Foto: Chris Erland).

Edificio Cero Emisiones de Casablanca (Foto: Chris Erland).

La historia del ahorro comienza en 2002. Según recuerda la arquitecta Odalys Blanco, entonces jefa de departamento y subdirectora de Tecnologías Constructivas en el Centro de Investigaciones y Desarrollo de las Construcciones (CDIC), la idea era construir un edificio de cuatro plantas con el sistema bloque panel, desarrollado por el arquitecto cubano Maximino Bocalandro, por esa fecha trabajador del CDIC.

En el departamento había entusiasmo con la propuesta, porque hasta ese momento solo existían edificaciones de una y dos plantas con esa tecnología constructiva en Cuba. El bloque panel era del ancho de una columna, más largo que el tradicional Sandino, pero más ligero y de fácil revestimiento, lo que permitía un mejor acabado. La propuesta de 2002 incluía, además, el trabajo con la vigueta de hormigón y la bovedilla de polietileno expandido para disminuir el peso de la edificación.

Mientras trabajaba en la documentación del edificio, Odalys recibió la indicación de vincularlo a un proyecto de colaboración extranjera entre Cuba, instituciones noruegas y el PNUD. Hubo viajes, capacitaciones, encuentros y conversaciones para ajustar el proyecto inicial a los estándares del Fondo Mundial de Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés).

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Es el año 2006 y el Dr. Petter D. Jessen ha preparado una presentación para los alumnos de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida (NMBU), con sede en Oslo. Este centro académico tiene como objetivo contribuir al bienestar del planeta “mediante programas interdisciplinarios de investigación y estudio que generan innovaciones en alimentación, salud, protección del medio ambiente, clima y uso sostenible de los recursos naturales”. Petter D. Jessen es profesor del departamento de Ciencias Vegetales y Ambientales, y el 14 de agosto de 2006 estaba impartiendo el curso “Saneamiento apropiado para el mundo en desarrollo”. En clase, el profesor explicaba con cifras los valiosos recursos presentes en las aguas residuales, tomando como referencia las descargas anuales de una persona: 4.5 kg de nitrógeno, 6.5 kg de fósforo, 1 kg de potasio y 35 kg de materia orgánica; un verdadero tesoro para la agricultura urbana. Como fertilizantes, el valor de los nutrientes descargados a los sistemas de alcantarillados en Noruega asciende a 30 millones de dólares por año.

El profesor proponía el diseño de sistemas sanitarios sostenibles. Un toilet ordinario usa entre 6 y 20 litros de agua por descarga; el Dr. Jessen sugería utilizar sanitarios que permitieran reciclar y ahorrar recursos como parte de un sistema descentralizado de compostaje. Entre los tipos de inodoros que se encontraban disponibles comercialmente en esa fecha estaban:

  • Compostaje, saneamiento seco: utiliza entre 0 y 0.1 litros de agua por visita. Se había reportado su eso con éxito en la Antártica y en zonas residenciales de Suecia.
  • Desviación de orina: utiliza entre 1 y 4 litros de agua por visita. Se usó con éxito en Bangalore (India) y en Dong Sheng, al norte de China.
  • Ahorro de agua por sistema al vacío y por gravedad: utiliza entre 0.5 y 1.5 litros por visita. Con este sistema, en algunos dormitorios de estudiantes en Noruega se ahorró hasta un 28 % de agua. Se usó en hospitales en Francia y Calcuta y también se reportó su presencia en La Habana.

El profesor acompañaba cada ejemplo con una fotografía de los inodoros instalados o del edificio que los poseía. Sin embargo, en el caso de Cuba no había sanitarios ni edificación que mostrar. Apenas una construcción incipiente, en la que solo se vislumbraba una columna con cabillas expuestas. Para explicar el sistema de compostaje, en el caso de La Habana, el profesor confeccionó un Power Point con una pequeña foto donde debería ir la planta de biogás y otra donde se habilitaría el humedal.

El Zero Emission House debería tener, según la presentación, 8 inodoros de sistema al vacío y 8 inodoros de sistema de gravedad, que se nutren de la energía solar para funcionar. Lo que significa que el gasto de energía por persona en un año sería apenas de 4 kilowatts y el ahorro de agua parecía ser realmente significativo. Tendría también un sistema de separación de aguas grises y negras; los desechos sólidos resultantes del filtrado de esas aguas serían utilizados en la agricultura y en la planta de biogás. Esta última alimentaría el alumbrado exterior del edificio, mientras los paneles solares del techo alimentarían las bombas de los inodoros y proveerían de agua caliente a los 16 apartamentos. En el humedal de la parte posterior del edificio se plantarían árboles y hortalizas para el autoconsumo. Este modelo circular evitaría que las aguas contaminadas lleguen al alcantarillado, que vierte directamente en la Bahía de La Habana.

Toda esta referencia a La Habana, en una clase de 2006, vino a raíz del Proyecto demostrativo de Viviendas con cero emisión CUB/02/002, firmado cuatro años antes por el Gobierno de Cuba, el PNUD, la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD), la Universidad Agrícola de Noruega y el Centro Técnico para el Desarrollo de los Materiales de Construcción en Cuba. Ese era el proyecto en el cual trabajaba Odalys, junto a otros compañeros de su departamento.

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Lo que está plasmado en el documento del Proyecto demostrativo de Viviendas con cero emisión CUB/02/002 es la versión idílica de un cronograma de trabajo para la colaboración con las contrapartes extranjeras, especialmente con el PNUD. La estrategia cubana es clara: “Buscar la transferencia de una tecnología desarrollada en Noruega y aplicarla en la construcción de un edificio de 16 viviendas de manera tal que todas las aguas residuales, así como los demás desechos humanos sean procesados y utilizados ya sea con fines de generación de energía, producción de fertilizantes y/o utilización de aguas para regadíos”. El plazo de ejecución del proyecto se pactó para cuatro años: 2002-2005. Las metas parecían alcanzables y precisas, teniendo en cuenta que la construcción del edificio, en teoría, sería bastante rápida.

Estos son algunos de los indicadores fundamentales del plan:

Año 2002 (presupuesto anual USD 252 360 y CUB 218 000):

  • Elaborar la documentación del proyecto de 16 viviendas cero emisión.
  • Comienzo de la construcción: movimiento de tierra, excavación y cimentación del edificio, sistema de producción de biogás, etc.
  • Monitoreo, análisis, resultados y conclusiones: evaluación socioeconómica, seminarios en Cuba y viajes de estudio al extranjero, etc.

Año 2003 (presupuesto anual USD 116 066 y CUB 124 000):

  • Prosigue la construcción del edificio: entrepisos y muros, colocación de redes hidrosanitarias, montaje de sistema al vacío con unidad especial, etc.
  • Implementación de la nueva tecnología: adquisición de componentes.

Año 2004 (presupuesto anual USD 72 859 y CUB 151 500):

  • Terminación del edificio: humedal, filtros, instalación de los paneles con celdas solares y los tanques para agua caliente, colocación de pisos y de muebles sanitarios, etc.

Año 2005 (presupuesto anual USD 86 995 y CUB 26 500):

  • Implementación de la nueva tecnología: selección y adquisición de componentes técnicos para mantenimiento y reparación, etc.
  • Monitoreo, análisis, resultados y conclusiones: encuentros bilaterales de representantes de la industria noruega y cubana para fomentar iniciativas con relación a la producción de componentes en Cuba, etc.

Además de estos gastos, el empresariado noruego “colaboraría con un financiamiento paralelo”.

Resumen del proyecto con los montos totales.

Resumen del proyecto con los montos totales.

De haberse ejecutado el proyecto tal como estaba planeado, a la altura de 2006 el Dr. Jessen habría podido mostrar en clase un edificio en completo funcionamiento, pero Cuba no es Noruega: en 2006 aún no había edificio.

En un intento por analizar las causas de que este cronograma no se ejecutase en el periodo establecido, solicité varias entrevistas con el director del antiguo Centro Técnico de Materiales de la Construcción, hoy Centro de Investigaciones y Desarrollo de las Construcciones, pero alegó que necesitaba tiempo para responder. Esperé por su respuesta durante dos meses: nunca me atendió. Entre las funciones de esta institución dentro del proyecto aparece la siguiente: “Dirige directamente la inversión y está responsabilizado con la ejecución del Resultado 2: Edificio Cero Emisiones. Es responsable de la puesta en marcha y recepción de los servicios prestados, así como la administración de los recursos financieros destinados por el gobierno cubano y obtenido a través de los donativos del proyecto”, según el informe publicado por PNUD/GEF.

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El Edificio Cero Emisiones habría de construirse a menos de un kilómetro del Centro de Investigaciones, en uno de sus polígonos experimentales; esto permitiría la evaluación y monitoreo del proyecto, así como el beneficio de algunos trabajadores con los apartamentos. Como proyectista general, la firma de Odalys Blanco aparece en varios planos del edificio registrados en junio de 2005 en la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba. Ella recuerda que los problemas comenzaron con los primeros movimientos de tierra: “Empezamos a construir y se paralizó la producción de bloque panel en el país a causa de los moldes. Había mucha demanda del bloque tradicional y como era la misma máquina no iban a parar por nuestra producción. El edificio estuvo diez años paralizado por esta razón. El CDIC se paró en todas las tribunas para decir esto”.

El ingeniero José Manuel López Santana, vicedirector de Investigación del CDIC por aquellos años, declaró en 2012 a la periodista Susana Tamayo que “el edificio ahorrador contaba con redes sanitarias independientes para el tratamiento de cada una de las aguas residuales. Las aguas negras se acumulaban en pequeños tanques sépticos para producir biogás y utilizar los desechos como fertilizantes”. En el mismo artículo, López Santana menciona que “teniendo en cuenta los costos y los resultados económicos obtenidos en cálculos se preveía una factibilidad para la generalización del miniflush y del uso de humedales para reciclaje de agua que implicaba recuperar la inversión, solo por ahorro del líquido en 2.8 años”.

José López Santana, que aparece como administrador del proyecto en mayo de 2011 según Cubadebate, declaró en aquel momento que fue fundamental en la construcción del edificio “la utilización de eficientes servicios sanitarios, que utilizan de uno a dos litros de agua en su descarga, cuando convencionalmente se usaban de seis a ocho”. Ingrid Fiskaa, viceministra de Asuntos de Desarrollo Internacional de Noruega, realizaba una visita a Cuba acompañada por especialistas de su país y de las instituciones involucradas en el proyecto, “ocasión en la cual constató el avance de la edificación”.

Según Odalys Blanco, cuando estaba avanzada la ejecución del edificio, los asesores noruegos vinieron al país en una visita de inspección, entonces “el jefe del proyecto le preguntó a uno de los especialistas sobre la tecnología de miniflush y la de vacío, y fue muy cívico el noruego cuando nos dijo que ya esa tecnología en Noruega estaba obsoleta; había sufrido modificaciones y perfeccionamientos”.

Esta era una de las consecuencias de años de atrasos en la construcción: estaban a punto de inaugurar un edificio con un sistema sanitario que se volvería un problema. Según explican varios trabajadores del Centro de Investigaciones, en ese momento todavía no se había colocado el piso y se tomó la decisión de hacer junto a la instalación compleja de los equipos importados, otra, la de uso tradicional en el país, previendo que cuando los primeros vencieran su vida útil, los inquilinos pudiesen colocar los sanitarios que se comercializan en Cuba.

En efecto, pasaron tres años y se rompió el primer equipo; para el segundo no había piezas de repuesto. En ocho de los 16 apartamentos se cambió el toilet, se sustituyó por uno que en vez de 1.5 litros por descarga gastaba más de 6 litros cada vez. El cambio lo asumió el CDIC para las ocho casas donde vivían sus trabajadores, el resto aún sigue con el sanitario antiguo, pero descargando con cubos de hasta 14 litros de agua. Eso fue todo lo que duró el principio del ahorro.

Realización: Chris Erland y Corrección: Iván del Toro.

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En el 2007 Leonel Rodríguez Montesino era trabajador de la empresa Constructoras Caribe. Llegó a Casablanca como jefe de obra, con 25 personas bajo su mando, cuando solo estaba la primera planta de edificio terminada y dos apartamentos de la segunda. Era muy difícil avanzar sin los materiales. A él le dijeron que se trataba de una construcción de nuevo tipo, con un sistema novedoso para los desechos, y que las aguas irían limpias a un humedal.

“Un asesor noruego le enseñó al plomero cómo hacer la instalación de los inodoros y la estructura hidráulica. Era importante que todo quedara bien sellado para que no se escapara el aire del sistema al vacío. Ese especialista también indicó que los baños no podían lavarse con líquidos corrosivos, ni lejías ni ácidos, para que no se dañaran las tuberías”.

De los dos años en los que estuvo dirigiendo la construcción, Leonel recuerda que los recursos estaban guardados en el CDIC, a un kilómetro de la obra, y había que trasladarlos en una carreta o en un camión. En muchas de esas jornadas los obreros cargaban las columnas prefabricadas y las subían a rastras por las escaleras. Con sorna, Leonel apunta: “Hubo un comprador, algún especialista de los que fue a Noruega, que trajo un armatoste inmenso, un güinche que costó unos 17 000 dólares, dicen. Lo pusieron en el frente de la obra, un “animal” altísimo, una barbaridad. Cuando el hombre lo desmontó y le quitó la envoltura, aquel güinche venía sin motor. Tuvimos que seguir cargando las columnas hasta que, unos años después, vino un jefe de obra y no sé cómo consiguió un motor para el equipo”.

Leonel vive con su esposa y dos hijos en el edificio que él mismo ayudó a construir (Foto: Chris Erland).

Leonel vive con su esposa y dos hijos en el edificio que él mismo ayudó a construir (Foto: Chris Erland).

De haber estado disponibles todos los materiales, según Leonel, ese edificio se podría haber terminado en menos de un año. También dijo que cuando lo enviaron a otra labor en 2009, solo faltaba por construir el apartamento 16 y tirar la placa a todo el edificio. Una vez inaugurada la obra varios trabajadores de la empresa Constructoras Caribe fueron beneficiados con apartamentos. Leonel estaba necesitado de una vivienda y por sus méritos laborales le asignaron un cupo en el edificio. Desde el 2012 vive con su esposa y sus dos hijos en el apartamento 16, el que no pudo finalizar, el último de la cuarta planta del Cero Emisiones.

–¿Cuando usted trabajó aquí, sabía que recibiría esta vivienda?

–No, de haberlo sabido tal vez muchas cosas hubieran quedado mejores. No porque yo no haya sido riguroso, en dos ocasiones mandé a tumbar unas escaleras mal hechas, sino porque hubiera exigido más, me habría informado mejor con los especialistas.

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Olga y su hijo Andy viven en el apartamento 10 del Edificio Cero Emisiones (Foto Chris Erland).

Olga y su hijo Andy viven en el apartamento 10 del Edificio Cero Emisiones (Foto Chris Erland).

Las personas llegaron poco a poco al Cero Emisiones. Algunos lo hicieron a finales de 2011, otros a mediados de 2012. Olga Cecilia García fue una de las últimas. Demoró un año en mudarse, porque a los pocos días de recibir la llave tenía aguas albañales en el patio de la casa y en parte de la cocina. Su apartamento queda en la primera planta; las aguas grises de los pisos superiores estaban vertiendo directamente a través de una tubería mal instalada y se le había creado un pantano lodoso y maloliente. Esa es una de las primeras imágenes que ella conserva de su casa, la que recibió por ser un caso social. Tiene 55 años y un hijo de 18, Andy, con necesidades educativas especiales. Estuvo diez años esperando por la seguridad que ofrece un techo. Una década de investigaciones, de entrevistas con trabajadores sociales y con funcionarios de la Vivienda, del gobierno local y las organizaciones políticas y de masas; de diligencias, reuniones e insistencias para mejorar las condiciones de vida de Andy.

El 26 de mayo de 2012, la Dirección Municipal de la Vivienda en Regla le otorgó la casa, sin embargo, no se mudó hasta el 8 de junio de 2013. No olvida la fecha.

El 26 de diciembre de 2012, siete meses después de la entrega, ella le pidió a un amigo ingeniero civil que le hiciera una defectación de la vivienda. Esto fue lo que dictaminó:

  • Desagües totalmente tupidos, lo que provoca inundación del patio de servicio.
  • Perforada la tubería de desagüe de las aguas grises: no permite la habitabilidad de la vivienda.
  • El fluxómetro del inodoro no funciona.
  • Salideros en casi todas las tuberías.
  • Instalaciones eléctricas con problemas.

Sabía que el edificio era relativamente nuevo, tenía muy poca información de lo que significaban esas palabras que había escuchado de soslayo: “cero emisiones”, “edificio ecológico”, “edificio ahorrador”. Le indignaba, eso sí, la chapucería. Con la defectación, el primer paso fue dirigirse al Centro de Investigaciones. El director de la institución en aquel momento, Enrique Baluja, según comentó Olga, parecía que acababa de enterarse de esos problemas constructivos. Y desde ahí otra vez la espiral, el circuito del desgaste: Vivienda (a todos los niveles), el gobierno (a todos los niveles) y el Consejo de Estado; quejarse, escribir cartas y solicitar entrevistas.

Galería: Problemas constructivos del edificio ahorrador

En agosto y septiembre de 2015, después de varios años sin respuestas satisfactorias, con las firmas de 19 de sus vecinos, dirigió una carta al periódico Tribuna de La Habana y otra a la sección “Cuba dice” del Sistema Informativo de la Televisión Cubana. Al poco tiempo apareció en el diario, en la sección “Tribuna del Lector”, un artículo bajo el título: “¿Joya de la modernidad?”, donde se narran las gestiones infértiles de la remitente. El texto concluye así: “Olga no persigue culpables, la respuesta que busca es la reparación del edificio con la esperanza de habitar algún día en la joya constructiva que nunca tuvo”.

Pocos meses después recibió una misiva de la Dirección Municipal de la Vivienda, el Consejo de la Administración y del Poder Popular, donde se reconoce que: el edificio tiene un estado técnico regular”. Sin embargo, debido a la cuestión legal de algunos apartamentos, la solución no estaba a su alcance, por lo que su caso quedaba “con razón en parte y pendiente a solución”.

Ella intentó por algún tiempo resignarse, pero una tarde cualquiera de 2017, dos años después de aquella carta, Olga sintió cómo del sofisticado inodoro que tiene instalado en el baño, el que debe funcionar por miniflush, empezó a brotar un río de heces fecales. La fosa se había tupido y la casa se inundó con los desechos de todos sus vecinos. Actualmente, no quiere saber mucho de los trabajos tan avanzados para tratar las aguas negras que dijeron haber hecho en el proceso de construcción; entre otras razones porque a su vecina le había pasado lo mismo dos años antes y cuando rompieron el piso, tratando de encontrar el origen de la tupición, descubrieron que la tubería que debería llevar las aguas negras a la fosa nunca se instaló correctamente, o faltaba todo el tramo de la salida, y lo que estaba funcionando como tanque séptico era el suelo del apartamento 9.

En 2020, Olga tiene grietas y paredes abofadas, humedad, salideros, filtraciones y sigue sin funcionar el inodoro.

“La referencia que tengo es que una vez que finalizó este proyecto tenían que hacer inspecciones para medir el impacto, al menos cada seis meses, pero aquí nunca vinieron. Todos tenemos defectos similares en los apartamentos”, comenta Olga.

Visité 11 de los 16 apartamentos del edificio, casi todos presentaban problemas de filtraciones y desagües obstruidos; en algunos casos no se pueden usar los fregaderos o lavaderos para no inundar la casa vecina. Persisten problemas de humedad, grietas, bovedilla expuesta, marcos metálicos desprendidos de los paneles y mangueras de agua calcinadas. Situaciones visibles en los primeros días de la mudanza.

En enero de 2020, Rafael Rodríguez, director municipal de Vivienda en Regla, explicó que recientemente había intentado hacer un convenio con el anterior director del CDIC para una reparación general al edificio. Tan pronto todos los apartamentos otorgados por el Centro de Investigaciones se desvinculen como medios básicos, Rodríguez aspira a firmar un acuerdo de colaboración para comenzar el mantenimiento.

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El reporte final de la evaluación del proyecto “Demostración de Alternativas Innovadoras para la Rehabilitación de las Bahías fuertemente contaminadas del Gran Caribe” se realizó en diciembre de 2016. Estuvo a cargo del ingeniero guatemalteco Joram Gil, especializado en Medio Ambiente, por la parte internacional, y de la ingeniera Mercedes Arellano por la parte cubana. El monto total del proyecto al finalizar 2017 ascendía a más de 4 millones de dólares financiados por el fondo GEF. De la cifra inicial de casi 16 millones de MLC (tasa de cambio 1×1) que había presupuestado el gobierno cubano en 2002, se incrementó a más de 40 millones de MLC para 2017. Entre el inicio y el fin del proyecto transcurrieron catorce años.

Financiamiento y cofinanciamiento del proyecto. Desde 2002 hasta el año 2016, expresado en dólares.

Financiamiento y cofinanciamiento del proyecto. Desde 2002 hasta el año 2016, expresado en dólares.

El documento de 40 páginas analizó con mayor profundidad la parte correspondiente a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Luyanó (PTR Luyanó IV); esta obra era la más compleja y a ella se había destinado la mayor cantidad de recursos, sin embargo, en el momento de la visita aún no se encontraba en funcionamiento. El Edificio Cero Emisiones, desde el inicio de la inversión, siempre se vio como el segundo resultado a obtener, de ahí que las referencias al inmueble en todo el informe sean bien breves.

Según consta en el cronograma de actividades, la visita al edificio la realizaron los evaluadores el 1 de diciembre de 2016 a las 9:00 a.m.; en el intercambio participaron funcionarios del Centro de Investigación y Desarrollo de la Construcción (CDIC) y representantes de la Delegación de La Habana del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA). Consta en el informe que fueron entrevistados el ingeniero José Manuel López Santana, responsable del Proyecto Cero Emisiones del CIDC por parte del Ministerio de las Construcciones, y la ingeniera Dalgis Casaña, que era la coordinadora general del proyecto por la parte del CITMA.

Las siguientes razones aparecen como causas de las prórrogas para la conclusión del proyecto:

“Los tres componentes del proyecto: PTRL, sistema de colectores y el Edificio Cero Emisiones, llevan como elemento principal la construcción civil. Este elemento ha marcado el punto crítico ya que han existido problemas para su realización. Cabe mencionar que en los años 2005, 2006 y 2007 los fenómenos naturales que azotaron al país (huracanes, ciclones tropicales), causaron daños considerables y demandaron insumos constructivos en las etapas recuperativas, todo lo cual influyó en la inestabilidad de asignación de los materiales de construcción y de combustible”.

Así luce el humedal en 2020 (Foto: Chris Erland).

Así luce el humedal en 2020 (Foto: Chris Erland).

Uno de los tanques sépticos en 2020 (Foto: Chris Erland).

Uno de los tanques sépticos en 2020 (Foto: Chris Erland).

Bomba al vacío, rota desde hace varios años (Foto: Chris Erland).

Bomba al vacío, rota desde hace varios años (Foto: Chris Erland).

Paneles solares que nunca fueron instalados (Foto: Chris Erland).

Paneles solares que nunca fueron instalados (Foto: Chris Erland).

Tanques de asbesto cemento que se colocaron en lugar del tanque de acero inoxidable que se había designado (Foto: Chris Erland).

Tanques de asbesto cemento que se colocaron en lugar del tanque de acero inoxidable que se había designado (Foto: Chris Erland).

Los especialistas evaluaron que el funcionamiento del edificio era eficiente, revisaron la separación de las aguas residuales y el humedal. Recomendaron difundir las ventajas y trabajar para lograr la réplica del Proyecto Demostrativo Cero Emisiones en el área del Caribe. Destacaron como un beneficio medioambiental “que la edificación reciclaba entre el 80 y el 90 por ciento del nitrógeno y el fósforo de las aguas residuales tratadas, las cuales eran dispuestas en el humedal que se usa para el regadío de las plantas”.

En opinión de ambos ingenieros la transferencia de tecnología había quedado establecida. El humedal estaba en uso y se ejecutó completamente el programa. Reconocen que ya el 30 de junio de 2016, la bomba de vacío estaba fuera de servicio, sin embargo, se había decidido usar los inodoros tradicionales en ocho apartamentos, “lo que permitía que el sistema siguiera funcionando según lo esperado”.

Inodoro para el sistema de miniflush, presente aún en ocho apartamentos del edificio (Foto: Chris Erland).

Inodoro para el sistema de miniflush, presente aún en ocho apartamentos del edificio (Foto: Chris Erland).

Contacté por correo electrónico en 2019 con el ingeniero Joram Gil para indagar detalles sobre la visita al edificio en 2016. Quería saber si examinó algún apartamento, si no influía en la calidad y evaluación del proyecto que no funcionara la planta de biogás, ni los paneles solares, ni se garantizara el ahorro de agua por descarga, o que la tubería del humedal llevara más de dos años rota; que en vez de un tanque de acero inoxidable, que estaba en un almacén, se hubiesen colocado tanques de asbesto cemento para el consumo de agua potable. El especialista me remitió a los funcionarios del CITMA en Cuba, que tenían competencias para aclarar estas dudas. De ellos no obtuve ni el acuse de recibo.

En el Poder Popular de Regla se refieren al Cero Emisiones como “La Joya”, en alusión al artículo del periódico Tribuna de La Habana. El presidente del consejo de vecinos lleva más de dos años visitando con frecuencia esta institución, porque quiere colocar una cerca perimetral para poder colgar las lámparas que debieron funcionar con el biogás, está esperando el permiso. Aspira también a asfaltar la entrada que lleva al inmueble, pero esa es una tarea titánica, tan agotadora como construir un edificio cubano eficiente.

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A inicios de noviembre de 2020 en la prensa nacional circuló el siguiente titular: “Próxima Cuba a tener su primer edificio energéticamente eficiente”. Un proyecto financiado por la Unión Europea y con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, pretende dotar de una mayor eficiencia a la sede de la Empresa de Automatización Integral (CEDAI) en La Habana. La intervención se plantea para logar mayor eficiencia energética, uso de energías renovables y la movilidad sostenible. Según el artículo, una vez concluida la inversión “se estima el ahorro de casi un 30 % de consumo de combustibles fósiles y más de 50 % de electricidad”.

Como el Cero Emisiones, este proyecto se espera que sirva como referente en el país y en la región.

Como el Cero Emisiones, será el primer edificio energéticamente eficiente en Cuba.

Como el Cero Emisiones, también se espera que tenga prestaciones de un inmueble del siglo XXI.

Y se espera que ahorre, como el Cero Emisiones…

Sobre el autor

Geisy Guia Delis

Geisy Guia Delis

Graduada de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (2014). Fue redactora reportera en la Redacción Informativa de 'Radio Rebelde'. Ha colaborado con el portal del arte joven cubano de la AHS, y con el sitio francés 'Cuba24Horas'. Participó en el Taller de Periodismo de la Fundación Panter y el periódico 'Taz' en Berlín, en 2015.

6 comentarios

  • Excelente artículo!! Lamentable y penoso todo lo ocurrido. Tantos factores que influyen en ello. Espero que algún día nos superemos y tengamos como premisa la calidad y el aprovechamiento eficiente de recursos

  • Me gusta mucho el periodismo que hacen aquí. Muchos de los problemas que se exponen aplican para muchas áreas del país. Si me permiten el comentario, creo que este tipo de proyectos no puede funcionar en Cuba por tres razones principales: cultural, social y económico.

    Cultural porque Cuba no es Noruega. Simplemente en estos países existe otra cultura, un país de primer mundo, donde no hay escasez de nada y aún así la gente se preocupa por el ahorro y la eficiencia. El cubano tiene que andar pensando cómo llegar a fin de mes.

    Social porque la mayoría de estos proyectos (en otros países) son ejecutados y financiados por las propias personas, o sea, las personas en libertad deciden a conciencia, construirse o adaptar su vivienda para que cumpla con parámetros ecológicos. En Cuba la gente quiere un techo, le da igual lo ecológico, precisamente porque antes de pensar en correr hay que gatear.

    Económico: en Cuba no existe una economía de mercado. Es completamente normal que en una vivienda se rompan cosas (eso sin contar la chapusería que se hizo ahí) y que se necesiten repuestos. En cualquier otro país, incluida la región de Latinoamérica, si se te rompe una tubería o un un lavamanos, vas a la ferretería más cercana y obtienes tus repuestos.
    En Cuba hay que resolver muchos problemas antes de pensar en «salvar el planeta».

  • Una excelente investigación. Es un ejemplo del periodismo que se necesita en Cuba, para que nos informe sobre nuestros problemas en vez de adormecernos con consignas. Felicitaciones a la autora!

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