La reducción de la mortalidad debido a desastres naturales u ocasionados por los seres humanos exige atender con urgencia la problemática del género. A nivel mundial, la probabilidad de muerte de mujeres, niñas y niños a causa de un desastre es hasta 14 veces mayor que la de los hombres. Otros grupos que resultan perjudicados de forma desproporcionada son las personas con discapacidades, las personas mayores y los pueblos indígenas, según informes de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) (Ilustración: René Alejandro Díaz Rodríguez).
A finales de los ochenta, la Asociación Cubana de Protección y Bienestar Animal (ANIPLANT) presentó un proyecto de ley de protección animal en el parlamento. No fue aceptado. Durante los recientes debates en torno a la nueva Constitución, miles de personas abogaron por incluir ese tema en la Carta Magna. No fue aceptado. Instituciones como la Asociación Cubana de Medicina Veterinaria (ACMV) y grupos ciudadanos como Protección de Animales de Ciudad (PAC) y Cubanos en Defensa de los Animales (CEDA) se han sumado a la causa. En 2019, Cuba sigue sin disponer de una ley de protección animal (Ilustración: Chelsy Escalona).
La más reciente evaluación científica sobre la reducción de la capa de ozono, realizada en 2018, confirma que se ha recuperado a una tasa de 1 % a 3 % desde el año 2000, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La recuperación completa en el hemisferio norte y las zonas de latitud media se pronostica para la década de 2030, aunque el hemisferio sur se recuperará hacia 2050 y las regiones polares hacia 2060. La protección de la capa de ozono es fundamental en el enfrentamiento al cambio climático. Entre 1990 y 2010, se evitaron aproximadamente 135 mil millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono (Ilustración: Alejandro Cuervo).
El ecosistema de manglar de la costa sur de las provincias de Artemisa y Mayabeque ha sufrido un fuerte deterioro en las últimas décadas debido a la tala del mangle rojo y a los efectos de la actividad humana en la hidrología de la región, según un informe emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2017. “La estructura del manglar se ha modificado y esto, a su vez, limita su capacidad de proteger la costa contra la erosión, la elevación del nivel del mar y los eventos climáticos extremos. La manifestación del deterioro del manglar es el aumento en la intrusión salina en el suelo, el retroceso de la costa de por lo menos 150 metros y las severas inundaciones durante las tormentas tropicales, los cuales ponen en riesgo vidas humanas, los sistemas productivos y la biodiversidad en la costa sur de Cuba” (Ilustración: Emilio Cruañas).
Las bolsas de plástico y los contenedores de espuma de poliestireno tardan miles de años en descomponerse. Al segmentarse en partículas pequeñas o microplásticos, son consumidos por animales y a través de estos entran en la cadena alimenticia humana. Un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) junto con la Universidad de Newcastle, publicado este año, revela que en promedio una persona ingiere semanalmente unos 5 gramos de plástico, presentes no solo en los alimentos, sino también en el agua y en el aire (Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico. Ilustración: Monkc).
El 29 de junio de 2014, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi lanzó el primer Informe sobre el Estado de los Trópicos. El documento es producto de la colaboración entre doce centros líderes en el estudio de esta región, que alberga aproximadamente el 80 por ciento de la diversidad biológica del planeta y gran parte de su pluralidad lingüística y cultural (Ilustración: Emilio Cruañas Pérez).
El nivel actual de electricidad generada por las fuentes renovables corresponde a 1.8 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono, lo que equivale a las emisiones producidas por todo el sistema de transporte de Estados Unidos, según un informe publicado por el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, la Escuela de Fráncfort y Bloomberg New Energy Finance en 2018. Entre todas las fuentes alternativas, la energía solar sobresale como la de mayor capacidad de producción y la que atrae mayores inversiones (Ilustración: Irma Beatriz Peniche Silva).
La degradación de los ecosistemas de las zonas secas trae consecuencias negativas para la biodiversidad, la ecoseguridad, la erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible. Este fenómeno, causado por la sobreexplotación de la tierra, la minería, el sobrepastoreo y la tala indiscriminada, avanza hoy a una velocidad entre 30 y 35 veces superior a la histórica, según datos de las Naciones Unidas (Ilustración: Alejandro Cuervo).
Las tortugas marinas habitan los océanos desde hace más de 100 millones de años y son depredadores importantes para el mantenimiento de las cadenas de alimentación. Debido al vertimiento anual de 8 millones de toneladas de plástico en los mares, la caza furtiva, el tráfico ilegal, la degradación de las zonas costeras y el cambio climático, entre otros factores, en la actualidad seis de las siete especies existentes de tortugas marinas están en peligro de extinción (Ilustración: Ignacio Lumpuy Tallet).
Cada año, millones de toneladas de plástico llegan a los océanos del planeta. En marzo de 2018 un estudio publicado en la revista Nature reveló que la mayor concentración de esos desechos se acumula en el Pacífico Norte, entre las costas de California y Hawaii. Allí las corrientes rotativas y los vientos los hacen converger y han formado lo que se conoce como The Great Pacific Garbage Patch (La gran isla de basura del Pacífico): una masa de desechos que ocupa 1,6 millones de kilómetros cuadrados y contiene aproximadamente 80 000 toneladas de residuos plásticos. No es exagerado llamarle isla, porque si esa masa flotante fuera un país estaría ubicado en el puesto 19 por su extensión geográfica entre las actuales naciones del planeta. Sería, además, más extenso que España, Italia, Portugal y Francia juntos (Ilustración: Alejandro Cuervo; Texto: Julio Batista Rodríguez).
La sexta edición del reporte Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO-6, por sus siglas en inglés), advierte que la salud humana está cada vez más amenazada debido a los graves daños causados al medio ambiente. Para revertir esta situación y celebrar la vida en un planeta sano, es necesario evitar el cambio climático, la contaminación atmosférica, la degradación de las tierras, la pérdida de diversidad biológica, la escasez de agua y la sobreexplotación y contaminación de los océanos (Ilustración: Roberto Marcelo Lumpuy Tallet).
Los niños de Cuba solían aprender a montar bicicleta metiendo las piernas dentro del cuadro. Doblaban el cuerpo y se las arreglaban para pedalear esquivando el tubo alto del modelo masculino que les bloqueaba el cuello o el sobaco. Con el colapso del bloque soviético, escasearon la comida y el transporte, e importaron semillas de papa y bicicletas chinas a la Isla. Las bicicletas eran pesadas y altas, como sombras largas. Tenían algo victoriano. En efecto, no eran sino una imitación del modelo desarrollado por Raleigh Bicycle Company, un fabricante de bicicletas de Nottingham. En esos lotes se incluyeron bicicletas femeninas, sin el tubo superior, para que la mujer pudiese montar en faldas. Así que los niños las prefirieron. Montaban en ellas sin tener que doblar el cuerpo, manteniéndose de pie, aunque la punta del sillín les molestaba en la espalda, entre los omóplatos, o en la misma cabeza. Las marcas Flying Pigeon, Forever Bicycle o Phoenix fueron prácticamente todo el transporte de Cuba. Estaban hechas para durar, con frenos de varillas de metal y casi ninguna pieza plástica. Se vendían a menos de 10 dólares y rodaban por todo el país en ciclovías delimitadas por mojones. Aparecieron ladrones veloces de bicicletas, revendedores de piezas robadas, taxis ilegales, poncheras que abrían de la noche a la mañana. Apareció la moda: los bujes Favorit, la biela Z, o los tenedores chatos vintage de Niágara. Algunos fregábamos los neumáticos con agua de limón y cargábamos la bicicleta cuando llovía para que no se ensuciara de barro. Los campesinos e ingenieros asistían en bicicleta a las abundantes cosechas de papa que alimentaban al país de punta a cabo, y regresaban a casa cargados de sacos que amarraban en las parrillas traseras. En Santiago de Cuba miles de familias se iban todos los fines de semana a sus playas empedradas y feas, pedaleando con sus bolsos cargados de papas rellenas. Iban pletóricos de vida y energía, y regresaban cansados y borrachos de un tóxico aguardiente artesanal. No murió más gente porque no había autos ni camiones que los atropellaran. Cuando el país comenzó a recuperarse pocos se dieron cuenta, pero comenzaron a ensuciarse las bicicletas, y ya nadie las robaba sucias, y la mayoría de las poncheras cerró. El transporte siguió siendo malo, las ciclovías fueron suprimidas, y las piezas de repuesto comenzaron a escasear hasta casi desaparecer. Las bicicletas se borraron de Santiago de Cuba como se borró la papa de los puestos de viandas. Las lecciones… las culturas de la crisis se olvidaron. Se traicionaron. Los niños de Cuba habían crecido y envejecido hasta tener la estatura de un adulto pero el Estado no les permitió crecer. No les dejó montar la bicicleta por encima del caballo. Como si nunca alcanzasen la mayoría de edad, les indicó seguir montando la bicicleta como niños, por debajo de la altura del sillín, o por debajo del tubo alto del caballo (Ilustración: Jorge Calaña Campos; Texto: Carlos Melián).
El declive de la biodiversidad afecta la disponibilidad de alimentos, energía y otros recursos necesarios para la vida humana. Por ejemplo, 4.000 millones de personas dependen de medicamentos naturales para la atención de su salud y cerca del 70 por ciento de los medicamentos utilizados en el tratamiento del cáncer son naturales o constituyen productos sintéticos inspirados en la naturaleza, según la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ilustración: Chelsy Escalona).
De niño había abejas en mi casa. Caían en racimos desde la luz del patio. Venían de una colmena silvestre en la mata de mango. Me asustaban: una vez me picaron en las piernas. Mi abuelo, que nunca vivió en mi casa, traía pomos de miel desde su pueblo. Me gustaba verlo llegar, tan grande, masticar los panales que traía. Nunca fue apicultor pero tenía vicio de miel. La usaba para todo: para untar en el pan o en una herida, para echarle al café, para la garganta, para la tos, para beber por gusto. Yo vivía aplastando las abejas y él diciéndome que esos eran bichos importantísimos: que polinizan, que dijo Einstein que si no hay abejas le queda poco al mundo; decía que es un misterio cómo vuelan porque sus cuerpos no son aerodinámicos. A mí hace poco me hincharon la cara. Me pusieron a tomar antihistamínicos. No sé si mi vida depende de ellas. Me gustan porque me lo recuerdan a él (Ilustración: René Alejandro Díaz; Texto: Jesús Jank Curbelo).
Aunque hace 25 años se celebra el Día Mundial del Reciclaje, datos ofrecidos por el Banco Mundial en 2018 revelan que actualmente apenas se recicla el 13 por ciento de la basura que genera cada año la humanidad. Reutilizar los desechos es hoy una prioridad, pues el mismo informe pronostica que la producción global de residuos aumentará en un 70 por ciento durante las próximas tres décadas (Ilustración: Emilio Cruañas Pérez).
El deterioro de los hábitats naturales, las alteraciones provocadas por el cambio climático y la captura ilegal, se encuentran entre las principales amenazas para la supervivencia y conservación de las aves migratorias. A estos peligros se suma la ingestión de plásticos, que afecta al 90 por ciento de las aves marinas del planeta y provoca la muerte de un millón de ellas al año (Ilustración: Irma Beatriz Peniche).
A causa del ruido del tráfico, a las aves en todo el mundo les está costando más trabajo percibir e identificar las señales de alarma que les alertan del peligro y de sus depredadores. Luego de analizar un millón de sonidos de ballenas azules, científicos aseguran que el cambio en el tono de su canto podría ser un intento de hacerse escuchar por encima del ruido que provocan las plataformas de hielo al romperse. Después de la polución del aire, la contaminación acústica es la causa medioambiental que más afecta a la salud de las personas en Europa, según la Organización Mundial de la Salud (Ilustración: Monkc, Texto: Geisy Guia Delis).
El desprecio humano por la Naturaleza y por la integridad de los ecosistemas ha provocado la pérdida de biodiversidad, el aumento de la desertificación y la interrupción de ciclos naturales. Urge reconocer que los recursos de la Tierra son finitos y que necesitamos modelos sostenibles de producción y consumo para tener una vida en armonía con la Madre Tierra (Ilustración: Chelsy Escalona).
El Día Internacional de la Lucha Campesina conmemora el asesinato de diecinueve campesinos del Movimiento Sin Tierra en la localidad de El Dorado dos Carajás, en el Estado de Pará, Brasil, en el año 1996. Este 17 de abril de 2019 el movimiento internacional de La Vía Campesina exige que los Estados garanticen el acceso a la tierra y la protección de las semillas frente a la mercantilización. También aboga por que se apliquen medidas contra los agrotóxicos y defiende el derecho de quienes alimentan al mundo a vivir en condiciones dignas y en paz (Ilustración: Monck).
En el año 2007, en Sidney, nació el mayor movimiento global contra el cambio climático, conocido como la Hora del Planeta. En aquel entonces se apagaron las luces de hogares, negocios y edificios emblemáticos durante una hora. En la actualidad forman parte del movimiento miles de ciudades de 188 países. Este 30 de marzo de 2019 Periodismo de Barrio se une a la Hora del Planeta: apagamos la luz y actuamos en defensa de la naturaleza (Ilustración: Ignacio Lumpuy Tallet).
Los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, el incremento de la temperatura y el aumento del nivel del mar, afectan a personas y comunidades de todos los países y continentes. En la actualidad, las emisiones del gas de efecto invernadero están en los niveles más altos de la historia. Si no se realizan acciones concretas e inmediatas, pueden agravarse problemas ya existentes como la escasez de alimentos y de agua (Ilustración: Roberto Marcelo Lumpuy Tallet).
El acceso al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial reconocido por las Naciones Unidas. Actualmente casi dos tercios de la población mundial padece escasez grave de agua durante al menos un mes al año (Ilustración: David Pau).
Los bosques cubren un tercio de la superficie del planeta y ofrecen beneficios ecológicos, económicos y sociales. Sin embargo, la deforestación afecta a 13 millones de hectáreas por año y provoca emisiones de gases de efecto invernadero e incremento del calentamiento global (Ilustración: Evelyn Batista).
Cada año la organización estadounidense Ocean Conservancy emprende una jornada internacional de limpieza en las costas. En 2016 unos 35 voluntarios cubanos se sumaron por primera vez al evento, que en esa ocasión se realizó cerca del Hotel Panorama. Conner Gorry y el equipo del café Cuba Libro también participaron y en una hora y media recogieron 310 kg de basura. “Yo aprendí allí que uno de los desechos más comunes en nuestro planeta y en los mares es el absorbente”, me dijo Conner. Ese año los voluntarios de todo el mundo juntaron unas 409 087 pajillas plásticas. “Y el absorbente, ¿qué hace? Nada. Entonces, me puse a pensar por qué en CubaLibro teníamos absorbentes. No los vamos a usar más”. Y, en efecto, ya no los usan (Ilustración: Irma Beatriz Peniche Silva, Texto: Geisy Guia Delis).

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Periodismo de Barrio

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Revista digital hecha desde Cuba para ampliar y diversificar la información sobre el impacto del cambio climático en poblaciones vulnerables del país mediante la producción de investigaciones periodísticas en diferentes formatos y géneros.

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