La noche del pasado domingo en Luyanó, casi todos perdieron algo. Hubo vidrios de ventanas y puertas que desaparecieron, autos arruinados, tanques de agua elevados cuyos pedazos se confundieron con los escombros de las paredes caídas a tres cuadras de distancia, árboles que bloquearon vías, postes de electricidad quebrados como palillos. Pero la peor parte, al menos allí, se la llevaron las edificaciones más endebles. Con vientos de más de 300 kilómetros por hora, el tornado se cebó con las tejas y la madera, aunque tampoco perdonó las paredes cuarteadas.

De sus 73 años, Eduardo Rodríguez Espinal ha vivido los últimos cuarenta en el número 108 de la calle Remedios, en el consejo popular Jesús del Monte, Luyanó. Allí lo sorprendió el tornado del domingo, mientras miraba la televisión, envuelto en una manta en su sillón. De esa noche recuerda el ruido tremendo, que fue muy rápido, que solo atinó a cubrir el televisor con la manta, y que luego comenzó a llamar a su perra Linda para ver si no se la había llevado el viento que entró por la puerta del patio. En unos segundos, el frente de su casa se desplomó de plano, en una pieza, sobre la acera y parte de la calle, salió volando el techo de la sala y los adornos se desparramaron por el suelo. Del cuadro del Santísimo, un Jesús compasivo y siempre presto a bendecir que a Eduardo le gustaba mucho “porque siempre parecía que te estaba mirando sin importar dónde te pararas”, quedaron jirones bajo el sofá.

En su cuadra solo una casa, la suya, perdió la fachada completa. Era la única vivienda de madera y techo de tejas; justo la misma descripción que podría darse al resto de los ocho derrumbes que se aprecian cuando se recorren los poco más de 500 metros que tiene Remedios de punta a punta.


No solo las casas de madera sufrieron en Jesús del Monte. La ciudadela de la calle San Luis también terminó en ruinas. (Foto: Ismario Rodríguez).

En la noche del lunes, René Mesa Villafaña, ministro de la Construcción, explicó que los mayores daños se encontraban en las cubiertas de los inmuebles. Mientras que el primer secretario del Partido Comunista en La Habana, Luis Antonio Torres Iríbar, detalló que en total fueron 1 238 las viviendas afectadas por el tornado; de ellas 123 derrumbes totales, 625 parciales y 224 que perdieron el techo.

No es de extrañar que, en todas esas estadísticas, el barrio de Jesús del Monte, uno de los más antiguos de Diez de Octubre, tenga representantes. Ya en 2016, el director provincial de Vivienda en La Habana, Euclides Santos Almestro, había reconocido que este era uno de los municipios con mayor afectación en el fondo habitacional en la capital cubana.

En Jesús del Monte, el tornado vino a remover los problemas que ya existían.

Paralela a Remedios corre Quiroga, otra callecita que apenas se alarga dos cuadras más que su vecina y compartió la furia de los vientos en la noche del domingo. Allí se repite la misma historia: las construcciones en peor estado fueron las más afectadas.

Lourdes Urgellés tiene 77 años, es viuda, jubilada y vive sola en Quiroga 257, una casa con paredes de mampostería y techo de tejas de asbestocemento. No tuvo tiempo de cerrar la ventana y, bajo el marco de la puerta que comunica el cuarto con el comedor, esquivó la mayoría de las piezas del falso techo que se desplomó sobre su cabeza. Otras la golpearon. “Casi me mata”, cuenta.


En pocos segundos Lourdes perdió todo el techo de su casa. (Foto: Julio Batista).

Veinticuatro horas después, recostada al mismo marco, responde como autómata. Todo el tiempo tiene los brazos encogidos contra el pecho y mira arriba, como si temiera que algún pedazo fuera a caer de pronto. Pero eso no sucederá: en las vigas de madera que dan estructura y soporte a su techo ya no quedan tejas. Al fondo de la casa, la organización de la cocina y el baño desentonan con las paredes desnudas y sin techo. Son las únicas dos habitaciones con cubierta de placa.

Parece increíble que la ciudadela de Quiroga 262 siga en pie. Declarada como inhabitable desde 1983, el inmueble perdió buena parte de las tejas este domingo, pero la madera de sus paredes no cedió ante los vientos. Allí, repartidas en dos pisos, vive una docena de personas, incluido un niño de 11 años.

Roberto Pérez Ruiz vive con su compañera en uno de los cuartos ubicados por debajo del nivel de la calle. Dice que, en la mañana del lunes, entre los vecinos recogieron toda la basura acumulada durante la noche en el pasillo de la ciudadela. Era, en su mayoría, tejas rotas.


En la calle Remedios, en Jesús del Monte, se acumuló la basura. (Foto: Ismario Rodríguez).

A cincuenta metros de la ciudadela está el hospital Hijas de Galicia, también destrozado por el tornado del pasado domingo. De allá evacuaron de inmediato a 196 pacientes. Las reparaciones del inmueble comenzaron al día siguiente de la catástrofe.

Sin embargo, las primeras brigadas de limpieza con reclutas de las FAR tardaron en llegar más de 36 horas a la calle Quiroga. Hasta el mediodía del martes, ningún representante del gobierno municipal había ido por allí, aseguraron los vecinos.

A una cuadra, en el Parque Reyes, el mismo lunes 28 de enero armaron un quiosco del restaurant 7 Leguas para vender comida. Venderla. A personas que unas horas antes habían perdido sus hogares. Los precios “preferenciales” de los alimentos para los damnificados: arroces a 5 pesos la ración, pollo a 1,65 la onza, caldos a 2 pesos, panes entre 1 y 2 pesos en dependencia de su contenido.


En la calle Mangos la gente no esperó por las ayudas del gobierno. (Foto: Julio Batista).

A tres cuadras del parque, en Mangos, algunos vecinos cocinaban con leña puertas afuera. La calle estaba bloqueada completamente con los escombros y ramas sacados durante el día. Entre los despojos y frente a la puerta de algunas casas, mujeres y hombres apelmazados por el polvo y el sudor del trabajo. Alrededor de la hoguera, otros se ocupaban de cocinar; frente a las llamas, sentada, una niña esperando. De fondo, Jesús del Monte a oscuras, su gente reinventándose.

Sobre el autor

Julio Batista Rodríguez

La Habana (1989). Desde 2015 forma parte del equipo fundador de Periodismo de Barrio, donde integra el Consejo Editorial y se desempeña como periodista. Recibió el Premio Iberoamericano de Periodismo Rey de España 2017 en la categoría de Periodismo Ambiental y Desarrollo Sostenible. Graduado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en 2013. Como profesional laboró en el Periódico Trabajadores (Cuba, 2009-2016) y como asesor de programación del canal nacional de televisión Tele Rebelde (Cuba, 2014-2016). Además ha publicado en las revistas Cubahora, On Cuba, Progreso Semanal, El Toque, Cuba Contemporánea, Postdata, el Laboratorio de Ideas Cuba Posible, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, el periódico alemán Taz. Actualmente se mantiene como colaborador de Radio Francia Internacional.

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