En menos de un año, el solar La Perla deberá quedar completamente deshabitado. “En menos de un año”, según dijeron a los vecinos de allí las autoridades del gobierno del municipio Habana Vieja, con quienes comparten pared.

Comenzaba 2017, los techos del inmueble se caían a pedazos desde hacía mucho tiempo.

El proceso de reubicación en edificios multifamiliares de Alamar y San Miguel del Padrón empezó a mediados de 2018. En noviembre, cinco familias habían abandonado el solar en peligro de derrumbe; solo una de las personas entrevistadas para este trabajo conocía la fecha de su traslado. El resto solo espera.

Poco a poco, las habitaciones del que fuera un motel exclusivo para hombres solo quedarán ocupadas por lo que las personas en fuga no pueden llevar a sus nuevas casas.

La Perla muere para que sus habitantes puedan vivir.

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1950. Solo hombres. El motel, ubicado frente al edificio de la Aduana en la Avenida del Puerto, albergaba en su mayoría a marineros de paso por La Habana y a jovencitos que podían pagar una noche para disfrutar de amores anónimos. Así lo recuerda Nuria –una de las “fundadoras” del solar–. O así construyó el recuerdo a partir de las historias de su madre.

1959. Solo trabajadores. El triunfante gobierno revolucionario entregó como viviendas las habitaciones del motel al personal de servicio. Varias parejas encontraron al fin un espacio íntimo y estable para comenzar una vida juntos.

1961. Los necesitados. Otras familias sin techo ocuparon los espacios aún disponibles, como los huecos de las escaleras. Los seis metros cuadrados de las habitaciones fueron insuficientes para las parejas que ya tenían hijos. Comenzó la transformación.

2018. Las familias. Unos ocuparon los antiguos baños comunes y los cerraron para uso exclusivo; la mayoría construyó un baño dentro del apartamento. Todos levantaron mesetas para hacer las cocinas. Todos construyeron barbacoas para ganar una habitación.

Cada familia modificó el mismo espacio en función de sus necesidades.

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Apartamento 41: Nuria y Gerardo viven solos hace años. Ella es “fundadora” del solar.

“Yo hice varios trámites para legalizarme, porque como vivo aquí desde el principio, ya me debían haber otorgado la casa como propia, pero dicen que como es usufructo no me la pueden dar. Y ya no tiene sentido porque nos van a sacar de aquí.

”El lío del usufructo es que no te puedes mover, porque si llega alguien y te ocupa la casa por no sé cuánto tiempo, la puedes perder. Todo lo que ves aquí es fruto de nuestro esfuerzo. Nos gusta vivir bien… ¿Y te imaginas que llegues después de un mes y te encuentres tus cosas en el pasillo?”.

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Apartamento 42: A Eliodora, hace días le avisaron que ya le tocaba el traslado para San Miguel del Padrón y hace días tiene lista la mudanza. Llegó a La Perla 29 años atrás. Allí crio a sus hijas y allí ha vivido sola desde que ellas se fueron a hacer su propia familia. Con todo recogido, pasa horas sentada en el sofá, recordando los mejores tiempos. Ahora lo malo no lo parece tanto, dice.

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Apartamento 10: Desde el primer piso, Yuneisi Rengifo pone música para todo el solar. Su bocina es la más potente de todas; su voz también lo es.

“Si quieres hacernos una foto a todos los de la casa tienes que probar a venir todos los días, porque aquí somos seis y siempre hay alguien afuera. ¡Ah! Y al niño no, porque ahora está de yabó y sabes que no puede”.

Como la evacuación del solar es desde el tercer piso hacia abajo, Yuneisi estará ahí un tiempo más con su música a todo volumen.

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Apartamento 4: Isabel Guzmán es prima de Yuneisi, la del apartamento 10. Su casa está al final del pasillo del primer piso y es una de las privilegiadas del solar en cuanto a espacio, pero una de las peores en cuanto a condiciones estructurales.

“Tengo dos habitaciones porque cogí también lo que era un cuarto de desahogo, pero mira el techo y dime si aquí se puede vivir.

”Yo me baño con miedo, cocino con miedo y ahora estoy lavando con miedo porque falta poco para que me caiga un trozo de techo en la cabeza. Si te fijas en la lavadora, le falta un pedazo precisamente porque le cayó un trozo encima”.

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Apartamento 19: Los hermanos Carmona sacaron dos apartamentos con respectivas barbacoas de la misma habitación que su familia ocupó hace casi 50 años.

De un lado de la pared de madera, José Manuel comenzó a levantar una mesetica y a construir un bañito, pero como lo van a sacar de ahí, dejó el trabajo por la mitad. No tiene hijos y emplea la mayor parte de su tiempo en ayudar a los vecinos con las reparaciones y trabajos caseros.

Del otro lado de la pared, Yodanis se recupera de una lesión en el pie izquierdo y pide silencio para poder escuchar la televisión. En ese pequeño espacio crio a sus dos hijas, Lais y Sheila.

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Apartamento 21: Caridad, Maritza, Anisley, Jordano, Freddy, Freddy Junior, Ericka, Yusimí, Rafaelito, Sandy, Alexa y Niña, la perrita. Once personas, seis metros cuadrados. Un baño, una barbacoa.

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Apartamento 34: Irma es del Ministerio. Lo repite al menos cinco veces antes de la foto. Nunca dice de cuál, pero enfatiza su rol en el solar como “la representante del Ministerio”. A ella le gusta el orden y la tranquilidad, sobre todo la tranquilidad.

“Aunque yo tuviera algunas facilidades, no ha sido fácil armar esta casita con cocina y bañito incluido. Pero tenía que ser así, para que los niños vivan con las mínimas condiciones”.

Antes de la foto, manda a Saily, su hija, a acostar al bebé y a ponerse decente.

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Apartamento 33: Cecilia aún comparte la casa con el padre de sus hijos. Él está arriba, acostado. Ambos están enfermos y reciben pensiones. Entre ambos cubren apenas sus necesidades básicas y las del hijo menor, que aún estudia. El mayor ya se busca la vida.

“Tenemos que arreglar la barbacoa antes de que nos caiga encima porque ya esa madera está podrida, pero nosotros estamos limitados y, además, ¿tú sabes a cuánto están las vigas de madera en la calle? Yo solo espero a ver cuándo nos toca salir de aquí”.

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Alba León Infante

Fotorreportera cubana. Sus imágenes han sido publicadas en varios medios como El Caimán Barbudo, El Toque, OnCuba y Garbos.

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