Dicen que era por culpa de los salideros, pero nadie sabe exactamente por qué unos apartamentos se quedaban sin agua antes que otros. Y comenzaron a aparecer los tapones. El primero era de madera. Para multiplicar la fuerza de bombeo hacia otros tanques, los vecinos cerraban el paso del agua hacia el tanque de Adria Irma. En los últimos cuatro años, ha descubierto tres tapones. 

Se lo hacen porque no puede subir a la azotea y porque le cuesta revisar el tanque sin la ayuda de otros. Se lo hacen no solo a ella, sino también a sus padres y a su hija, que viven en el mismo apartamento (Jorge Peyrellade, 86 años, casi ciego; Adria Luzardo, 77 años; y Adria Valdés, 23 años), a Julio Sosa y Sicilia Fernández (ambos rondan los 70 años) y a Irene Laureiro (más de 80 años), residentes en los otros dos apartamentos que abastece el mismo tanque.

Adria Irma, de 55 años, vive en el edificio número 103 de la calle 12, en Miramar, y no puede decir con certeza cuánto tiempo ha estado puesto cada uno de los tapones. Para subir a la azotea debe atravesar la casa de Irene, que vive sola desde que su hermano murió cuatro años atrás, y mover la pesada tapa de hormigón para revisar el tanque, porque no tiene dinero para pagar a alguien que inspeccione con frecuencia.

El inmueble tiene nueve apartamentos. Originalmente contaba con una cisterna de veinte metros cúbicos de agua y un tanque en la azotea de seis metros cúbicos. Pero hace más de quince años el tanque se dividió a la mitad y se construyó uno nuevo con capacidad para dos metros cúbicos y medio. Se resolvió que cada uno de estos tanques abasteciera a tres apartamentos. 

En el edificio hay un Consejo de Vecinos. Hace cuatro años, Adria Irma contó la historia de los tapones. Primero, indignación; después, incredulidad; por último, olvido. La última vez vio personalmente a algunos vecinos, les mostró uno de los tapones. Ese día no había sido convocada ninguna reunión. Primero, indignación; después, incredulidad; por último, olvido.

Adria Irma me enseña el informe donde aparecen las imágenes del flotante manipulado para evitar la salida de agua, y me cuenta que su tanque es el último en recibir agua, si es que la recibe. El informe está firmado por un arquitecto y un ingeniero hidráulico; pero nunca ha sido enviado ni al Instituto Nacional de la Vivienda, ni a la Policía. Nunca ha sido enviado porque todavía espera que se resuelva entre vecinos.

Hace poco más de un mes, Adria Irma encontró un nuevo tapón de madera. Se lo hacen, me dice, porque son los más débiles.

Sobre el autor

Mario Luis Reyes

Estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Lo empujó a este oficio su afición a las letras, no se arrepiente. Una de las cosas que le proporciona más placer es conversar. No soporta estar dentro de cuatro paredes por mucho tiempo. Cuando todo se complica escucha a Javier Krahe.

3 comentarios

  • Los de Vivienda estarán corriendo muertos de miedo, intentando resolverle una casa a Adria Irma después de haber leído este audaz e intimidante texto.

  • Los de vivienda no se van a preocupar, porque esto en Cuba casi nadie lo puede leer y no quiere leer. Lo que quieren es salir, emigrar, escapar de pesadillas como esta. El hobre lobo del hombre. el fuerte aplastando al débil. La ley de la selva en un sociedad que sus dirigentes alrdean de se la más humanitaria. Farsantes.

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