El debate sobre los transgénicos en Cuba, explicado

Diez preguntas sobre los organismos genéticamente modificados (OGM).

1. ¿Qué son los transgénicos?

La Organización Mundial de la Salud define los transgénicos como organismos (plantas, animales o microorganismos) en los que el material genético (ADN) ha sido modificado de una manera que no se corresponde con el apareamiento y/o la recombinación natural. Los genes individuales seleccionados son transferidos entre organismos de diferentes especies o de especies relacionadas. Mediante el uso de técnicas de ingeniería genética se aíslan segmentos del ADN de un ser vivo y se introducen al genoma de otro.

El objetivo de esta manipulación es conferirle al organismo modificado características específicas que lo hacen comportarse de manera diferente al organismo en su variante nativa, refiere el prólogo del libro Transgénicos, ¿qué se gana? ¿qué se pierde? (Acuario, 2009). En el caso de las plantas, por ejemplo, se busca que sean resistentes a eventos climáticos extremos como la sequía o las inundaciones intensas, a plagas, que sean tolerantes a herbicidas y plaguicidas y que fortalezcan o enriquezcan sus propiedades alimenticias.

2. ¿Se han modificado genéticamente organismos en Cuba?

Sí.

En el año 1989, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba obtuvo los primeros ratones transgénicos para el estudio de enfermedades humanas, específicamente, la hepatitis B. En 1994, investigadores de este mismo centro recibieron el premio de la Academia de Ciencias por la obtención de tilapias transgénicas con mayor nivel de crecimiento destinadas al consumo humano. Las investigaciones demostraron que las modificaciones genéticas realizadas lograban más de un 80 por ciento de incremento en el crecimiento de los peces transgénicos.

Un artículo publicado en 1999 en la revista Marine Biotechnology reveló que no se detectaron efectos negativos en la salud humana luego del consumo de los mismos. A un grupo de hombres y mujeres voluntarios se les dio de comer tilapias transgénicas. La carne se evaluó bien en cuanto a sabor y, además, distintos parámetros clínicos y bioquímicos mostraron que no había diferencias entre individuos que habían comido tilapia transgénica o tradicional.

Durante la siguiente década se desarrollaron otros proyectos para la obtención de organismos transgénicos usados en la evaluación de fármacos y sus mecanismos de acción y se hicieron los primeros experimentos en laboratorios con plantas de caña de azúcar, papa, maíz, tomate, boniato, arroz, plátano, café, piña, tabaco, entre otros, para lograr que fueran resistentes a determinadas plagas y tolerantes a herbicidas, según Eduardo Freyre y Mayling Chan, en su artículo “Cultivos transgénicos, ¿a qué riesgos nos exponemos?”.

El CIGB tiene aprobados en el registro de variedades, hasta el momento, “dos líneas transgénicas de soya, una variedad transgénica de maíz, y tres híbridos transgénicos de maíz”, declaró Abel Hernández, investigador de este centro, en entrevista publicada en Cubadebate. Además, se encuentran en fase de desarrollo tres nuevas líneas de soya transgénica y en 2017 “se deben registrar los primeros híbridos de maíz transgénico que queremos se escale en producción”, añadió.

3. ¿Qué es el maíz FR-Bt1?

Ilustración: Miguel Alejandro Castro

Ilustración: Miguel Alejandro Castro

Es la primera planta transgénica producida en Cuba. Fue obtenida a partir de la variedad FR-28, con alto potencial de rendimiento, la cual se modificó con los genes que codifican para una toxina producida originalmente por una bacteria (Bacillus thuringiensis), y que le confieren resistencia a la palomilla del maíz (Spodoptera frugiperda), principal plaga que afecta al cultivo en el país. La modificación (o evento transgénico) incluye también genes que confieren resistencia a la aplicación del herbicida glufosinato de amonio.

El FR-Bt1 fue liberado al ambiente natural el 15 de mayo de 2009, pero “hasta ese momento se pensaba que el trabajo con organismos modificados genéticamente se mantendría en los laboratorios en tanto se tuvieran todas las evidencias de que no causarían daños al ambiente y a la salud humana”, dijo el ingeniero agrónomo Fernando Funes-Monzote en entrevista con IPS en abril de 2012.

En febrero de 2009, un reporte publicado en Juventud Rebelde reveló que “como parte de un ensayo de campo con maíz transgénico FR-Bt1 […] se plantaron tres hectáreas de este cultivo en la Finca de Semillas de la Granja Urbana, perteneciente a la Empresa de Cultivos Varios Valle del Caonao, que está ubicada en Yaguajay”, Sancti Spíritus. En 2010, el mismo rotativo anunció que se sembraron alrededor de 2.684 hectáreas adicionales de maíz transgénico en la provincia para elaborar pienso animal con el objetivo de sustituir importaciones. En 2011, se plantaron 228 hectáreas del cereal en la Empresa de Cultivos Varios Horquita de Cienfuegos.

Durante la presentación de la variedad FR-Bt1 en el congreso Agrobiotecnología 2008, Carlos Borroto, entonces vicedirector del CIGB, refirió que esta permitía alcanzar mayores rendimientos y producciones. “Nosotros hemos logrado obtener rendimientos a partir de la parcela experimental de CIGB superior a las siete u ocho toneladas por hectáreas”, declaró Hernández a Cubadebate en 2016. “Hay que ver, cuando se escale a parcelas más grandes, si ese rendimiento varía un poco, pero nosotros estamos apostando que al menos produzca unas cinco toneladas por hectáreas”.

Entre 2009 y 2011, el rendimiento estuvo entre las tres y las cuatro toneladas por hectáreas, según Hernández. Datos del Anuario Estadístico de Cuba confirman que en 2015 el rendimiento agrícola en las producciones no estatales de maíz tradicional fue de casi 2.5 toneladas por hectárea; mientras en las estatales fue de 1.87.

4. ¿Cuáles son las principales objeciones agroecológicas a la siembra de maíz FR-Bt1?

Ilustración: Miguel Alejandro Castro

Ilustración: Miguel Alejandro Castro

Durante el año 2010, varios agroecólogos, entre los que se encontraban Funes-Monzote y el ingeniero agrónomo Narciso Aguilera Marín, cuestionaron la falta de información y transparencia por parte de las instituciones estatales implicadas con respecto a la siembra a campo abierto del maíz FR-Bt1.

Entre las principales objeciones a la plantación de maíz transgénico los agroecólogos incluyen:

La ausencia de estudios comparativos públicos entre variedades criollas de maíz y el FR-Bt1 bajo condiciones similares que permitan analizar el rendimiento agrícola y las posibilidades de reutilización de las semillas.

Un recorrido realizado por Aguilera Marín durante el año 2010 por varias fincas con cultivos de maíz transgénico en el municipio Mayajigua, Sancti Spíritus, reveló que “los rendimientos de hasta 6.8 toneladas por hectárea pudieron estar más bien definidos por la densidad de plantación que por el rendimiento individual de las plantas”.

La cantidad de plantas por unidad de superficie sembradas en el caso del maíz tradicional y el transgénico son diferentes. Mientras el primero se siembra “a un marco de plantación de 0.85 metros entre hileras y 0.80 metros entre plantas; al maíz FR-Bt1 lo sembraron a la misma distancia entre hileras, pero a unos 0.20 y 0.25 metros entre plantas. […] De esa manera, una hectárea de maíz tradicional tendría unas 15.000 plantas, mientras una hectárea […] de maíz transgénico estaría ocupada por una población de 47.000 plantas. La diferencia es de 32.000 plantas. Desde este punto de vista, y observándose la obtención de dos y cuando más tres mazorcas por plantas, en el caso del maíz transgénico, […] los mayores rendimientos se alcanzaron debido a la densidad poblacional”.

Otros atributos provenientes de la variedad base no transgénica (FR-28) también influyen positivamente en el rendimiento agrícola del maíz transgénico. No obstante, añade Aguilera Marín, muchas de las variedades tradicionales que usan los campesinos en estos sitios producen dos y tres mazorcas por plantas.

Algunas, como el denominado ‘Maíz de 70 Días’, adelantan en casi veinte días la cosecha y los rendimientos son de 3.4 toneladas por hectárea sembrada de la manera tradicional (a 0.85 metros por 0.80 metros). “También es tolerante a la palomilla, pues es poco atacado por la misma, y de sembrarlo a similar marco de plantación que el transgénico –tienen hábitos de crecimiento y portes parecidos–, se obtendrían resultados bien interesantes y sin riesgos, ni la necesidad de licencia para sembrarlo”.

Esta variedad no emplea fertilizantes ni herbicidas, por lo que el costo de producción es menor. “Y [los campesinos] pueden cosechar sus semillas y emplearlas en la próxima cosecha con similares rendimientos potenciales”, concluye el investigador.

Irregularidades en el proceso de implementación de la siembra del maíz transgénico en Cuba, que pudieran generar la contaminación de los cultivos tradicionales.

En el artículo “Estado actual y perspectivas de la comercialización de plantas transgénicas”, Ariel Arencibia y Pedro Oramas proponen la implementación de varias medidas agronómicas para evitar la contaminación genética o el flujo de genes de un campo transgénico a otro no transgénico. Entre ellas se sugiere “la producción de híbridos transgénicos que producen polen estéril, la utilización de barreras biológicas a la dispersión efectiva del polen, el empleo de proteínas altamente específicas para el control de insectos, […] el empleo de herbicidas como marcadores de selección y no antibióticos, […] y el control de la introducción y uso de plantas transgénicas en sus centros de origen y biodiversidad”.

Según declaraciones de Funes-Monzote a IPS en 2012 después de un recorrido por varias fincas de Sancti Spíritus, “no se están teniendo en cuenta las orientaciones de seguridad biológica. Es decir, la tecnología no se está aplicando como originalmente se concibió, lo que pone en riesgo las variedades tradicionales de maíz”.

No todos los campesinos están siguiendo las indicaciones tecnológicas, ni tuvieron la debida capacitación o asistencia técnica. Vimos que algunos se han pasado la semilla de unos a otros, la siembran sin precaución alguna y desconocen las condiciones claramente definidas por el Centro Nacional de Seguridad Biológica. —Fernando Funes-Monzote, agroecólogo.

De acuerdo con Aguilera, “todas las siembras están juntas, al lado o relativamente cerca del resto del maíz tradicional. Muchas veces íbamos atravesando un campo para llegar a donde estaba el transgénico y no los dividían ni una guardarraya. Concluía la última hilera de maíz tradicional e iniciaba la otra del transgénico”.

La insecto-resistencia, que ocurre con mayor probabilidad en los cultivos transgénicos que en los convencionales.

El Grupo de Ciencia Independiente, con sede en Londres, refiere que “los cultivos Bt [como el maíz FR-Bt1] violan el principio básico y ampliamente aceptado de manejo integrado de plagas (MIP)”. El uso de una sola técnica de manejo de plagas tiende a provocar cambios en las especies de plagas o la evolución de resistencia a través de uno o más mecanismos. “En general, mientras mayor sea la presión de selección en el tiempo y espacio, más rápida y mayor será la respuesta de evolución de la plagas […]. Cuando el plaguicida es incorporado a la planta, mediante ingeniería genética, la exposición de la plaga pasa de mínima y ocasional a exposición masiva y continua, lo que acelera dramáticamente la resistencia”.

“En una planta transgénica el insecto dispone de alimento durante todo el ciclo biológico, a diferencia de los métodos convencionales de control, que realizan aplicaciones puntuales de insecticidas. En este caso, la plaga posee un menor tiempo de exposición al insecticida y, por ende, menor probabilidad de desarrollar insecto resistencia”, señala Armando Nova, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, en su artículo “La producción de alimentos y los organismos modificados genéticamente”. En cuanto a los insectos beneficiosos, añade el autor, “su población puede verse mucho más disminuida, alterándose así el proceso de polinización de otras especies y, consecuentemente, la biodiversidad”.

Con el objetivo de contrarrestar la insecto-resistencia, el CIGB exige “sembrar el diez por ciento del campo con maíz no transgénico, de manera que sirva de refugio de palomillas”, señalan Freyre y Chan.

Falta de transparencia y necesidad de ampliar el debate público sobre el tema.

El 15 de septiembre de 2010, en el Centro Nacional de Seguridad Biológica (CNSB), ubicado en la capital, se realizó una reunión donde también participaron autoridades de la Oficina de Regulación Ambiental y Seguridad Nuclear, una de las instituciones encargadas de conceder licencias para los cultivos transgénicos. “Un grupo de científicos cubanos entregó al CNSB un expediente con informaciones de utilidad, y se solicitó de manera informal una moratoria de la liberación de maíz transgénico en el país”, señala un reporte publicado por IPS.

En respuesta a la demanda de evidencias sobre las pruebas realizadas al FR-Bt1 para conocer sus consecuencias en la salud humana y la ecología, Juan Carlos Menéndez, director del CNSB en esa fecha, señaló que “la información del proceso de autorización no es pública; solo el resultado”, pero que el FR-Bt1 era apto para el consumo humano y animal.

En 2012, justo cuando el CIGB debía renovar la licencia otorgada por la Oficina de Regulación, Funes-Monzote volvió a pedir una moratoria, que permitiría “establecer un proceso de consulta y debate en la sociedad”. En una sección del Noticiero Al Mediodía del 14 de diciembre de 2013, Carlos Delgado, especialista en bioética, señaló que “falta todavía un nivel de diálogo social amplio, de discusión y conocimiento de los alimentos transgénicos, comenzando por los productores y terminando con los consumidores”.

Este proceso amplio de debate y consulta en la sociedad aún sigue pendiente.

5. ¿Por qué para Cuba es relevante sustituir las importaciones de maíz y soya?

El maíz se emplea no solo para el consumo humano sino también para la producción de alimentos como el pienso dedicado al ganado vacuno, bovino, porcino y a la cría de pollos. Entre 1998 y 2014 las importaciones de maíz se incrementaron de un 28 a un 65 por ciento debido al crecimiento de la demanda en el país, que aumentó en un 500 por ciento en igual periodo de tiempo.

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Gráfico 1. Consumo total de maíz en Cuba (Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ONEI)

En este contexto, aunque la producción nacional mantuvo una tendencia ligeramente creciente, solo pudo cubrir el 34 por ciento de la demanda. Si la demanda hubiera permanecido invariable desde 1998, la producción nacional actual habría suplido la misma en un 148 por ciento. O sea, hubiera sobrado maíz.

Cuba destinó alrededor de 245 millones de pesos para la compra de esta gramínea en el mercado internacional en 2014, según las últimas estadísticas de la ONEI pertenecientes al mismo año. De estos, 27 millones de dólares se invirtieron en maíz estadounidense, de acuerdo con el Departamento de Agricultura (USDA, por sus siglas en inglés) de ese país.

Sin embargo, bajo la Trade Sanctions Reform and Export Enhancement Act, implementada en el año 2000 por el entonces presidente Bill Clinton, los exportadores estadounidenses, aunque se les autoriza a vender una serie de alimentos a Cuba, no pueden ofrecer condiciones de crédito y las exportaciones deben ser compradas con dinero en efectivo o por medio de garantías de terceros en bancos extranjeros. Con el incremento de las producciones nacionales de esta gramínea no solo se pretende disminuir las importaciones de manera general, sino reducir la dependencia del mercado estadounidense. En 2015, la importación de maíz procedente de Estados Unidos descendió hasta los cinco millones dólares.

La misma lógica se podría aplicar al cultivo de soya, otro de los productos transgénicos aprobados para su liberación a campo abierto. En 2014, Cuba destinó 66 millones de dólares a la importación de este producto, de los cuales 30 millones (casi el 50 por ciento) se emplearon en la compra del grano en el mercado norteamericano. En 2015, el monto usado para la importación de soya producida en este país descendió hasta los diez millones.

6. ¿Cuáles son las normas legales que rigen la investigación, siembra, importación y exportación de semillas transgénicas en Cuba?

A nivel internacional, Cuba es signataria del Convenio sobre Diversidad Biológica aprobado en Nairobi, en 1992 y el Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la biotecnología, aprobado en Montreal, en 2000. El Convenio estipula como deber el establecimiento y mantenimiento de los medios para regular y controlar los riesgos derivados del uso y liberación de agentes biológicos, organismos y fragmentos con información genética como resultado de la biotecnología. El Protocolo se concentra específicamente en los movimientos transfronterizos de cualquier organismo vivo modificado como resultado de la biotecnología moderna y que pudiera tener efectos adversos en la conservación y utilización sostenible de la diversidad biológica.

A nivel nacional, “Cuba no ha definido aún de manera explícita una política oficial respecto a los alimentos transgénicos. En consecuencia, no existe una ley marco que regule la liberación y comercialización de productos que consistan, contengan o se deriven de un OGM, sino normas que regulan distintos aspectos de este complejo proceso perfectamente distinguibles en dos grandes grupos: normativas en materia de bioseguridad y normas relativas a seguridad alimentaria”, refiere un artículo publicado por Soel Michel Rondón en la revista Estudios Agrarios.

Entre las principales regulaciones se encuentran:

  • Ley 81 [“Ley de Medio Ambiente”], aprobada el 11 de julio de 1997: Establece la política ambiental cubana y encarga al CITMA la regulación y el control de “los riesgos derivados de la utilización y liberación de organismos vivos modificados por la biotecnología u otras sustancias o productos que puedan afectar la conservación y utilización sostenible de la diversidad biológica o generar riesgos a la salud humana, animal o vegetal”.
  • Decreto-Ley 190 [“De la Seguridad Biológica”] aprobado en 1999: Regula el uso y establece un sistema de autorizaciones de seguridad biológica para la producción, investigación, ensayo, liberación al medio ambiente, importación y exportación de agentes biológicos y sus productos, organismos y fragmentos de estos con información genética. Demanda un proceso de evaluación y gestión del riesgo para las entidades que tienen a su cargo áreas de liberación y la entrega de un expediente técnico al CITMA para su aprobación que incluye recomendaciones pertinentes con respecto a la protección del trabajador y el medio ambiente en general.
  • “Reglamento para el Otorgamiento de Autorizaciones de Seguridad Biológica”, aprobado en junio de 2007 por el CITMA: Establece la clasificación y los procedimientos para la solicitud y el otorgamiento de la Autorización de Seguridad Biológica. Reconoce tres modalidades: Licencia de Seguridad Biológica, Permiso de Seguridad Biológica y Notificación, en este orden según el nivel del riesgo. La liberación intencional y la comercialización de OGM se encuentran dentro de las actividades que requieren de Licencia de Seguridad Biológica. Para el caso de la importación de organismos modificados genéticamente cuyo destino sea su liberación al medio ambiente, la licencia es expedida dentro del plazo de 270 días naturales a partir de la fecha de recibo de la documentación correspondiente. Prevé explícitamente la comercialización de cultivos genéticamente modificados y productos que los contengan.
  • Registro Sanitario de alimentos, cosméticos, juguetes y otros productos de interés sanitario, emitido por el Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos en diciembre de 2012: Dispone la confección de una ficha técnica específica para los alimentos obtenidos por medios biotecnológicos, que además de los aspectos generales de los alimentos convencionales exige las características del organismo modificado y la información relativa al uso previsto, incluyendo el análisis del riesgo y las técnicas de control para la detección del organismo en el medio ambiente. Para la evaluación y aprobación del producto, se deben proveer los datos que demuestren su inocuidad y compatibilidad a largo plazo con la salud y el medio ambiente.

7. ¿Es posible obtener un transgénico agroecológico?

Si, condicional, sin tilde.

En un debate publicado por el sitio web Cubadebate recientemente, el agrónomo Giraldo Martín, doctor en Ciencias y director de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, decía que la introducción de transgénicos en un sistema agroecológico cubano “solo sería analizable si ese transgénico pudiera vivir y demostrar su potencial utilizando los métodos agroecológicos, es decir, no los de la agricultura convencional y sobre todo que eso no pusiera en peligro la diversidad genética presente”.

De acuerdo con un informe de la Comisión Europea presentado en 2003 y divulgado por la OMS, la coexistencia de prácticas agrícolas debe “respetar los límites umbral establecidos para contaminación de productos orgánicos y reconocer la dificultad de ciertas plantas para cumplir con este objetivo”.

Esto significa que las prácticas agrícolas que incluyen OGM pueden necesitar desarrollar mejores sistemas agrícolas que permitan una coexistencia apacible de la agricultura GM y no GM, en la cual se acepta un limitado nivel de cruzamiento lejano. “De otro modo, puede ser necesaria la separación de las plantas GM con un significativo potencial de cruzamiento lejano de la agricultura convencional u orgánica”.

Carlos Borroto, en un artículo publicado en Rebelión, en 2010, señalaba que el paquete tecnológico que acompaña al maíz transgénico cubano, contrario a las prácticas de las transnacionales, “no tiene nada que ver con la promoción del uso de agroquímicos”. No se aplican plaguicidas y el herbicida se emplea “solo cuando la extensión sembrada y escasa disponibilidad de mano de obra lo exigen para la obtención de rendimientos adecuados”. Además, se utiliza “el 50 por ciento de los fertilizantes químicos recomendados para el cultivo a partir de la aplicación de los bioproductos anteriores y se investiga la introducción de otros bioproductos y técnicas de una agricultura de perfil orgánico”.

El hecho de que una plantación de maíz transgénico en monocultivo, se trate con micorrizas, fitomas, brasinoesteroides u otra sustancia no sintética, y luego se rote con soya, no le da la condición de agroecológico. La base agroecológica se alcanza desde la biodiversidad. — Narciso Aguilera

Según Borroto, “a los productores se les vende la semilla [de maíz transgénico] al mismo precio que la convencional y no tienen que hacer ningún otro pago por el uso de la tecnología, como exigen las transnacionales en otros países”.

En las entrevistas realizadas por Aguilera, algunos agricultores refieren que las plantas de FR-Bt1 degeneran cuando se siembran las mismas semillas cosechadas anteriormente. “Solo alcanzan a producir una mazorca y las plantas se muestras debiluchas”. Esto implica que los agricultores deben comprar las semillas a la empresa productora cada vez y debilita la capacidad de autogestión de los campesinos, colocándolos en un ambiente de dependencia.

La dependencia cubana de insumos externos (fundamentalmente aquellos provenientes de la extinta Unión Soviética) desató una crisis en la agricultura a partir de 1990, luego de la desaparición del campo socialista. “Durante la década de los ochenta la producción agropecuaria en Cuba alcanzó importantes volúmenes de producción total y por habitante”, apunta Armando Nova, pero esta se basaba “en una agricultura industrial, altamente insumidora, con una importante dotación de inversión y equipamiento por hectárea y con una alta dependencia externa”.

Cuba importaba anualmente cerca de 400 millones de pesos en productos químicos y una de cada cinco hectáreas cultivadas tenía incorporado un sistema de riego, según un reporte de IPS fechado en 1993. Para garantizar el abastecimiento alimentario de la población en este contexto, se aprobaron reformas que ampliaron la iniciativa individual y el espacio de las cooperativas, lo que dio lugar al fortalecimiento del movimiento agroecológico en el país.

A partir de 1994, y debido a la redistribución de las tierras, entre otros factores, la mayoría de las producciones del sector no estatal desbancaron al estatal en casi todos los renglones.

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Por ciento de la producción total de maíz por sectores (1985-2015) (Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ONEI)

8. ¿Se informa debidamente al consumidor cubano sobre la presencia de alimentos transgénicos en el mercado minorista?

No.

Cuba no tiene una política de etiquetado de los alimentos transgénicos para su comercialización en el mercado minorista, ni de los alimentos que son de importación. En el caso de estos últimos, la Resolución 180 de 2007 emitida por el CITMA establece que solo se eximen de autorizaciones de seguridad biológica las importaciones de alimentos transgénicos cuando estos han sido autorizados en los países de procedencia y si ha transcurrido un periodo de tiempo superior a diez años sin presentar efectos adversos para la salud humana o animal.

Sin embargo, de acuerdo con Rondón, varios compradores de empresas cubanas de alimentos desconocen los requisitos para la importación de productos destinados a la alimentación que consisten o que contienen OGM.

En 2003 se desestimó la aprobación de una Ley de Seguridad Alimentaria o Código Alimentario por considerar que el país aún no estaba en condiciones para implementar una política como la que esta ley preveía, refiere Rondón. “Se procedió a simplificar esta propuesta en un reglamento alimentario mucho menos extenso y, por ende, menos completo”, añade el investigador.

Aquella propuesta de ley establecía controles para la importación y comercialización de OMG, requisitos de etiquetado y publicidad, sensibilización de los consumidores, comunicación de los riesgos, capacitación y programas educativos, etcétera. —Soel Michel Rondón Cabrera

Varios países de América Latina y el Caribe establecen el etiquetado de manera obligatoria. De acuerdo con el libro América Latina: la transgénesis de un continente. Visión crítica de una expansión descontrolada, en Brasil, el símbolo T de color negro sobre un fondo amarillo en forma de triángulo constaba en cualquier alimento con más del uno por ciento de origen transgénico que fueran destinados al consumo humano y animal hasta que se aprobó un proyecto para cambiar este símbolo por la frase “contiene transgénicos”.

En Perú, el Código de Protección y Defensa del Consumidor demanda el etiquetado de todos los alimentos procesados que contengan ingredientes transgénicos, así el contenido sea de 0,01 por ciento, pero el reglamento para el cumplimiento de la ley aún no se ha implementado luego de seis años.

En Ecuador, la Ley Orgánica del Régimen de la Soberanía Alimentaria (LORSA), publicada en 2009 y modificada en 2010, menciona que “los productos elaborados en base a transgénicos serán etiquetados de acuerdo a la ley que regula la defensa del consumidor”.

El Decreto Presidencial que reglamenta el uso de los transgénicos en Uruguay establece que el etiquetado es voluntario. Sin embargo, a mediados de diciembre de 2013, la Intendencia Municipal de Montevideo, departamento en el que vive el 40 por ciento de los uruguayos, aprobó un decreto que establece la obligatoriedad del etiquetado de alimentos que contengan ingredientes transgénicos.

Bolivia aprobó, en junio de 2016, la reglamentación de un Decreto Supremo que incluye el etiquetado de los alimentos y productos genéticamente modificados. “El decreto ordena que todos los alimentos deben llevar una etiqueta en forma de triángulo de color rojo que contenga la sigla OGM y el texto Organismo Genéticamente Modificado. Además, debe señalar que “este producto contiene material genéticamente modificado”, señala un reporte de La Razón.

Argentina, Chile, Colombia, Honduras y México poseen regulaciones deficientes o ningún tipo de regulación en torno al etiquetado de alimentos transgénicos.

9. ¿Qué implicaciones podría tener el deshielo con Estados Unidos para la agricultura cubana?

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El Secretario de Agricultura de Estados Unidos, Tom Vilsack, recibe en Iowa al Ministro cubano de Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, en junio de 2016 (Foto: Lydia Barraza, USDA)

El 21 de marzo de 2016, el secretario de Agricultura de Estados Unidos y el ministro de Agricultura cubano firmaron un memorándum de entendimiento para la cooperación en la agricultura y otras esferas afines. Las líneas de cooperación prioritarias, entre otras, incluían la producción orgánica, el manejo poscosecha, los procesos de certificación orgánica y también el apoyo para investigaciones y prácticas relacionadas con la biotecnología agrícola. O sea, los transgénicos y los alimentos agroecológicos convivían en el mismo memorándum.

Tres meses después, a inicios de junio de 2016, el ministro cubano de Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, realizó una visita oficial a Estados Unidos. Los sitios escogidos en Iowa, uno de los principales estados agrícolas de Estados Unidos, respondían a esta misma política dual: la finca de producción orgánica de Aaron Heley Lehman, en Polk City, y los invernaderos de alta tecnología de DuPont Pioneer, en Johnston. De acuerdo con un reporte de Des Moines Register, Rollero quedó “favorablemente impresionado” por las instalaciones de DuPont Pioneer, una de las principales empresas de producción de semillas genéticamente modificas e híbridas en ese país.

“Tenemos una gran oportunidad para ampliar las exportaciones de soya, arroz y aves de corral a Cuba. Cuba, a su vez, tiene una gran oportunidad para la exportación de sus productos orgánicos a Estados Unidos. El comercio debe fluir en los dos sentidos”, dijo el Secretario de Agricultura, Tom Vislack, durante la visita.

La mayoría de las intervenciones públicas de funcionarios y empresarios estadounidenses desde el 17 de diciembre de 2014 ratifican esta posición. En una época postembargo, Cuba sería un buen proveedor de alimentos orgánicos para esa nación, mientras la Isla (de acuerdo con las proyecciones de empresarios norteamericanos) seguiría importando grandes cantidades de alimentos. Actualmente, las importaciones ascienden a casi el 80 por ciento de los alimentos que se consumen en el país y, de estos, casi ninguno es orgánico, según un reporte publicado en The new York Times.

La única diferencia, en el futuro, estaría en el proveedor de los bienes.

Los empresarios agrícolas estadounidenses consideran que la cercanía geográfica será su ventaja competitiva sobre otros países. El 6 de julio de 2016 una delegación de la Federación de Arroz de Arkansas viajó a Cuba. El secretario de Agricultura de ese estado, Wes Ward, declaró durante su visita que las conversaciones sostenidas con la empresa Alimport, encargada de las exportaciones e importaciones agrícolas cubanas, podrían ubicar a Arkansas en una mejor posición para negocios futuros.

Un mes antes, en junio de 2016, el juez de Harris County, Ed Emmett, estuvo en Cuba con un grupo de líderes de negocios de Texas. “Nosotros solíamos exportar grandes cantidades de arroz a Cuba y ya no lo hacemos. Esa es una decisión cubana. Por cualquier razón que sea, han escogido obtener su arroz de lugares como Tailandia”, dijo Emmett. El objetivo de su visita: retornar a los 96 millones de dólares en exportaciones de bienes que obtenía ese estado en 2008.

No obstante, desde 2011, varios funcionarios cubanos del Ministerio de Agricultura han declarado que no se negociará con empresas de producción de semillas transgénicas extranjeras para su introducción en Cuba, pues esto podría atentar contra la seguridad alimentaria del país.

Una coalición de líderes de la industria orgánica, chefs e inversores, liderada por la representante demócrata por el estado de Maine, Chellie Pingree, visitó Cuba en mayo de 2016, para alentar a los funcionarios cubanos a resistir las ofertas agrícolas estadounidenses y persuadirlos de la necesidad de proteger y extender las prácticas de pequeñas fincas que forman parte de su vida diaria. “Para este grupo, el sueño es ayudar a Cuba a mantenerse fiel a un estilo sostenible de la agricultura, que rechace los productos químicos y la modificación genética”, añade The New York Times. Pero el incentivo continúa siendo el mismo: “un mercado americano hambriento –y dispuesto a pagar una prima– por los productos orgánicos cubanos”.

10. ¿Los transgénicos pueden ocasionar daños a la salud?

No existe consenso científico al respecto.

Los principales discusiones sobre los riesgos para la salud humana de los alimentos transgénicos, según la OMS, se centran en tres aspectos fundamentales:

  • Alergias: La organización desalienta la transferencia de genes de alimentos que producen alergias, a menos que la proteína que crea el nuevo gen no sea alergénica. No obstante, “los alimentos transgénicos evaluados por la FAO y la OMS demuestran que no hay efectos alérgicos asociados a los OGM que están actualmente en el mercado”.
  • Transferencia genética: Aunque la probabilidad de transferencia es baja, se recomienda el uso de la tecnología de transferencia que no involucre genes resistentes a antibióticos.
  • Migración de genes de variedades transgénicas a cultivos tradicionales: La migración de genes de plantas modificadas genéticamente en los cultivos convencionales o especies afines en el medio natural y la mezcla de cultivos derivados de semillas convencionales con cultivos transgénicos pueden tener un efecto indirecto sobre la seguridad alimentaria. Se han reportado casos de cultivos transgénicos aprobados para la alimentación animal o para uso industrial presentes en niveles bajos de productos destinados al consumo humano. Varios países han adoptado estrategias para reducir la mezcla, incluyendo una clara separación de los campos dentro de los cuales se producen cultivos modificados genéticamente y cultivos convencionales.

5 Comments

  1. Jose Ramon

    8 septiembre, 2016 at 4:34 pm

    Perdonen, pero si hay un conseso científico (pregunta 10) y es que los OGM no hacen daño a la salud humana. Los medios (ONG, comités, etc. etc.) que dicen que hacen daño no tienen una reputación científica (lease investgaciones, publicaciones, etc.) en el tema por tanto no tienen nada que ver con el conseso citado en la respuesta a la pregunta 10.
    Se pide mucho que haya más debate público del tema. Pero es que ese debate tiene que ser hecho por los que saben de verdad sobre el tema. Por ejemplo, hay muchas personas que creen en la “sanación divina” ¿debemos invitarlos a ellos a un debate para aprobar o no un medicamento (por ejemplo, un citostático que es bien agresivo y la efectividad es casi siempre limitada)?

  2. lector fiel

    12 septiembre, 2016 at 11:37 am

    Buenísimo. Por cierto, por alguna “extraña” razón, Facebook no me dejó compartirlo. Twitter sí.

  3. Ermenegildo Paredes

    20 diciembre, 2016 at 3:41 pm

    El problema numero uno en Cuba es la produccion de semilla de calidad. El país en la decada del ,90 perdio toda la infraestructura que tenia para esta actividad por los problemas que ya sabmos,y en la actualidad hasta la fecha, los productores no tienen seguridad de que su semillas tengan la pureza y vigoridad que deben tener, ademas no hay aparato certificador en las condiciones actuales que pueda hacer una certificación de calidad, entonces porque hablar de transgenicos si el problema de las variedades que tenemos estan mezcladas y se vió en el campo el porcentaje de plantas con otras características; pero además donde se ha demostrado que los trnasgenicos que se evaluaron en años anteriores no habia perdida de calidad, si las semillas de un R 2 o R3 ya no eran las mismas y se veia el ataque a platas con la palomilla, pero además el Bt que se le introdujo no controlaron los afidos y salta hojas, lo que provoco el incremento de virosis y achaparramiento en las poblaciones transgenicas que se plantaron en varias provincias, además no se cosecho en tiempo todos campos porque no habia cosechadora disponible en ese momento, además nadie puede asegurar que no se trasladó semilla para otras provincias porque no mhabia custodio mque garantizara que no se robaran el aíz ya seco, esto lo sabe todo el grupo de bioseguridad y el equipo que trabajo en este proyecto. En realidad no creo que hayan condiciones aun pARA INTRODUCIR NINGUN TRANGENICO DEL EXTERIOR SI NO TENEMOS ASEGURADO LA LOGISTICA Y EL PERSONAL CON CONOCiMIENTO PARA APLICAR ESTA TECNOLOGIA, ADEMÁS EL MAIZ COMO TODOS LOS GRANOS LLEVA UNA INFRAESTRUCTURA QUE NO ESTÁ CREADA PARA DAR UN SALTO DE ESA FORMA. Ha este se le da lo que sobra del cultivo anterior pero no lo que lleva, y entonces a que rendimiento vamos aspirar. Primero provemos con las variedades que tenemos e introducir los hibridos que se conoce responde bien en nuestras condicones y darle al cultivo lo que lleva, y se verá que se duplican los rendimientos, pero todo esto en la medida que se crea la infraestructura que lleva esto. No se siga con la politica de grandes extensiones sin tener condiciones, tenemos que crecer en duplicar los rendimientos de los cultivos que es lo debemos de hacer y no gastar en sembrar el doble de areas para obtener rendimientos bajos.

  4. EGM

    22 diciembre, 2016 at 3:31 pm

    Por cierto, el investigador Abel Hernandez del CIGB ya no se encuentra en nuestra querida tierra, ya que decidio hacer transgenicos en paises vecinos, jejeje!!

  5. Eric de Francia

    10 febrero, 2017 at 4:13 pm

    En lugar de exportar sus “Productos Orgánicos” Cuba ya podría alimentar a sus turistas que comen productos importados. Ya que pagan en dólares, el resultado financiero es idéntico. Pero con un poco de marketing, Cuba sería mañana “La Organica”, y el mundo vendria allí para disfrutar de los frutos de una naturaleza auténtica, sin OGM !

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