Variaciones sobre la wifi

Lianet Fleites:

Mima… ¿me lees? Atiende: quiero escribir sobre las cabinas para videollamadas, pero necesito que me expliques bien en qué consisten, con detalles, como si yo fuera un inversor que debe confiar en ti como emprendedora. El problema de la wifi en Cuba es que se parece a los carteles de aquella ruina frente al parque Vidal, donde ahora está el hotel. “Bar”, “Restaurante”, “Hospedaje”. ¿Te acuerdas? Allí solo había una cuartería para los damnificados que arrastraban los ciclones. Una vez vi a una pareja de turistas caer en la trampa de los cartelitos. Es decir, como si la wifi en Cuba estuviera dibujada sobre alguna valla publicitaria de cara al exterior, y se quedara en eso, en un eslogan. ¿No has sentido que Internet en Cuba tiene una categoría espacial? Digo, espacio físico, con dirección y posición. “Voy a Internet”, “la cuadra de Internet está al doblar la funeraria”. ¿O que Internet en el interior de Cuba vino a desplazar las áreas recreativas históricas? “Nos vemos a las diez en la wifi”, “cuando cierren la discoteca, seguimos a la wifi”. Mima, sí, hablar de la conectividad en Cuba es como mascar un chicle sintético, con gusto a plástico, que cede en enormes globos. Ya casi me desconecto, dime si puedes ayudarme. Ay, ya, para irme: ¿has visto cómo Internet en Cuba se ha personificado? “Nunca en mi vida he visto a la Internet esa”.

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Un parque repleto de personas pudiera ser –y es– tierra fértil para toda clase de depredación.

Es verano de 2015 en Pinar del Río y el parque se llama Independencia. Es julio en Matanzas y el parque se llama La Libertad. Caen las últimas luces en Cienfuegos y el parque se llama Martí. Y en cada uno de ellos pudiera estar aconteciendo simultáneamente una misma realidad. Incluso, pudiera tratarse de un mismo paisaje para todas las plazas principales al interior de Cuba, excepto por el instante medio profético en que una mancha de pájaros negros, tarde tras tarde, cierra el cielo de un parque llamado Leoncio Vidal, donde ahora la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, S.A. (Etecsa) ha instalado tres antenas wifi que cubren un total de 270 usuarios.

Pocos espectáculos consiguen movilizar de forma espontánea a los cubanos como lo hacen un estadio de béisbol o un carnaval. El parque Vidal, con una concentración considerable de personas, tiene una fisonomía similar a la de ambos casos. Y tiene una atmósfera hipnótica.

En Santa Clara, al centro de Cuba, donde por vez primera en toda Villa Clara cualquier criatura con el dispositivo adecuado puede realizar videollamadas desde su plaza principal, una señora cincuentona desprende alaridos y besa la pantalla de un smartphone con el estupor y la furia con que no besó, acaso, durante toda su vida. Este punto de acceso wifi es el único no solo en un municipio de 245 470 habitantes, sino en toda una provincia de 787 857 personas.

Es 2015. La señora cincuentona se expone sin pudores. Navegamos en bandas de 2,4 y 5 gigahertz. Hay quien llora frente al cristal líquido de un Samsung y quien detalla, a voz en cuello, los gastos del día en curso. Un parque wifi en Cuba es una zona de catarsis.

Una aplicación llamada Connectify Hotspot permite a un joven conectar simultáneamente su teléfono y su laptop desde una sola cuenta Nauta. Algunas personas se desplazan, posesos, con las manos extendidas y un dispositivo en la punta de los dedos en busca de señal, que es también ir tras la salvación, aparentemente, porque la desesperación escénica es la misma. Tres adolescentes emplean el crédito de un solo usuario para navegar a la vez (se consigue a través de Bluetooth).

Es 2015 en Cuba. ¡El universo nos recibe, gentil, en su regazo tecnológico! ¡Somos una nación conectada desde una plaza! Es 2015 también en el resto del planeta, por tanto, han pasado cinco años desde que estallara la Primavera Árabe, donde Internet movilizó a jóvenes en Túnez, Egipto y Libia para modificar sus gobiernos. Hace casi diez años que Wikileaks comenzara a generar trastornos de ansiedad en medio mundo. Hace cinco años que Ricky Martin reconociera a través de su página oficial en Twitter que es gay.

En tanto, los medios estatales cubanos celebran el raudo crecimiento del acceso a Internet en la Isla y los índices progresivos en cuanto a uso de redes sociales. ¡Conseguimos tomar el pulso a los tiempos actuales!

A mis espaldas, un muchacho necesita tenis, los reclama a través de un teléfono, deben ser blancos, exige. Alguien deja caer una granada con forma de pregunta en el auditorio: si el número ocho de su clave-nauta va en mayúsculas.

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Ilustración: Monk

Ilustración: Monk

Zammys Jiménez:

Niña, sí, la wifi cubana da para escribir no una crónica sino algo mayor, un ensayo, una novela, una obra de teatro. ¿Has visto cómo los puntos de acceso parecen una feria? Camino por el parque Vidal en horario pico y los veo así, en apareamiento, a un lado u otro de los teléfonos. Entonces me digo que no puede ser. No me gusta ese cortejo de banco público, de contén, de acera. ¡Y es tanta la gente bajo lluvia, sol y sereno! Algo se desperdicia. ¡Se desperdicia oportunidad! Ahí fue cuando se me ocurrió lo de las cabinas, mima. Casetas del Amor, Hot Love, o Hot Spot, lo del nombre nunca lo he tenido claro, pero el negocio es redondo. Fíjate que la implementación práctica de estas cabinas arrojará ganancias hasta al Ministerio de Salud. Lo digo por nuestros médicos internacionalistas, que dejan detrás a sus parejas para cumplir el compromiso laboral. Mima, no sé si te publiquen esto, pero las cabinas poseerían interiores personalizados según el cliente. Mira:

Amor a lo pink, con diseños que aluden al romance ñoño. Las dunas del desierto, con motivos egipcios. Interiores dedicados a Cristiano Ronaldo. También cabinas especiales para la familia cubana, con capacidad para seis miembros, en caso de que se necesite debatir algún asunto sensible como testamentos, compraventa de propiedades, remesas. Esta última ofrecería una decoración bien sobria, pensada para las malas noticias como defunciones o bancarrotas.

Bueno, es solo un delirio. Digo, ¿cuándo se han visto cabinas para videollamadas en los parques? Niña, me desconecto, que estoy al sol y el banco es de hierro. Ojalá te sirva.

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Para Juan José Millás, “el delirio es una de las formas de la mentira con más alto porcentaje de verdad”. Pienso entonces que, mientras presenciamos la realidad –la verdad– en el bulevar de Camajuaní, por ejemplo, pudiéramos estar representando esa parte porcentual dentro de un delirio mayor. Puede que estemos, ahora, disueltos en una gran bola de delirio que alcanza una magnitud incalculable.

—En la wifi no sé conectarme –dice Alejandro Batista López, escritor e investigador de 39 años, residente en Camajuaní, Villa Clara–. La conexión es muy costosa y no puedo desperdiciar saldo aprendiendo a operar un teléfono. Prefiero sentarme en las salas de navegación. A veces necesito actualizar la página web de la revista Signos, donde trabajo, y se consume buena parte del crédito cargando solamente el sitio. La lentitud nos golpea, el precio de la conexión…

En mayo de 2016, Etecsa instaló una torre para la conexión wifi en el bulevar de Camajuaní con capacidad para 90 usuarios en una población de 60 079 personas. Alejandro me explica lo que es, probablemente, una queja nacional. El acceso a Internet en Cuba aún está en ese umbral de la estupefacción, cree.

A pocos metros, una joven distribuye tarjetas promocionales de un sitio web. JW.org es la página oficial de la Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová. El sitio presenta las credenciales de su Organización e invita a consultar la Biblia en línea que ofrecen a disposición de los internautas.

Lo que parecería uno de los grupos religiosos más modosos actualmente en Cuba ha echado a un lado cualquier recelo respecto a la tecnología para actualizar el campo de acción de su prédica. Quise saber si conocían a alguna persona que hubiese llegado a Dios a través de la wifi, pero la joven, respetuosamente, me sugirió asistir a la reunión habitual en el Salón del Reino, solo eso.

Martes, 6 de febrero de 2018. 7:00 p.m. Salón del Reino.

Antes de la wifi, las reuniones eran más sencillas, explican desde esa parquedad intencional. El punto de acceso en el bulevar les ha permitido descargar contenidos multimedias hasta sus celulares a través de la aplicación JW Library. Ahora pueden transmitir para todos los hermanos los contenidos mensuales que ofrece el broadcasting del sitio oficial, así como descargar los programas de estudio y la bibliografía. Ya no deben moverse hacia otros puntos wifi dispersos por la provincia para acopiar herramientas que enriquezcan sus reuniones.

Los jóvenes Testigos, en especial, navegan por las redes sociales y contactan con hermanos residentes en distintos puntos del mundo. Desde la pantalla de su tablet, alguien me muestra este testimonio de conversión:

El plano detalle proyecta la textura de una mejilla, luego los ojos, los labios, las manos. El mulato sonríe amargamente mientras evoca un pasado de excesos de la mano de Satán. Luce un elegante traje. Me sorprende su estatura. Una melodía en fade-in se apodera de todas las emociones. Satán le ofreció el trofeo de la fama, asegura el sujeto, pero ahora está a salvo porque Jehová, cual padre, lo recibió.

El mulato en la pantalla derrama unas lágrimas. La muchacha a mi costado no quiere llorar, pero existen fenómenos secretomotores con los que no se puede. Hay un clima sobrecogedor. El mulato es Edgardo Franco, El General, padre del reguetón.

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Carlos Melián:

Lo que yo siento es que Internet es nada. Parecería que la gente la procura, pero Internet es un pasaje, un conducto, un avión que nunca aterriza. Teniendo la conexión, saltará nuevamente la pregunta de qué hacer para ser el más eficiente o el más ingenioso.

Lianet Fleites:

No sé, Carlos. El acceso a Internet en Cuba luce como una candonga, una baratija. ¿A qué destino te conduce ese avión? A escasos destinos. No logro imaginar un escenario probable en que la conexión en Cuba sea una realidad naturalizada, tan ordinaria como ir a la bodega o freír un huevo. Tampoco se me ocurren demasiados dividendos que genere ese conducto más allá de las remesas. De todas formas intentaré escribir algo, como una especie de mosaico, un acercamiento al asunto.

Carlos Melián:

¿Y no puedes escribir sobre eso justamente? ¿Sobre lo difícil que resulta escribir acerca de algo que obsesiona a los cubanos y de lo cual pareciera que se ha dicho todo? ¿Qué cosa es Internet en realidad?

Hay algo muy curioso en el uso que le dan los cubanos actualmente a Internet, y es que a muy pocos les interesa la política. Todos buscan felicidad en Facebook localizando amigos o hablando con familiares, o buscando pareja, o buscando emigrar. Etecsa conoce mucho sobre las expectativas de los cubanos. Saben adónde irá Cuba en los próximos años. Yo quisiera recibir esas trazas acerca de adónde va la gente cuando accede a su cuenta Nauta. Un amigo mío, muy inteligente, solo utiliza mucho Internet para bajar porno, y apuntarse en páginas de ligue. Está loco por irse de Cuba, pero también está loco por encontrar el amor. Todo esto redunda en que, cuando hablas del uso de Internet y la indiferencia de los usuarios ante nuestra realidad política, estás frente a una forma elitista y politizada de hablar del tema.

¿Nunca has pensado en esto, Lianet? ¿Su uso para educarnos políticamente te hace más feliz? Me gustaría saber cuál es el uso que le das tú a Internet.

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