Samira está durmiendo desde anoche y son las tres de la tarde. En el televisor del otro cuarto la niña Marian ve televisión. Elizabeth Valdés me enseña la sala: sacos de arena, tablas, vigas y bloques que salvaron. Recostada a la pared una baranda oxidada toca el techo. Elizabeth me cuenta que a Marian le han salido manchas en la piel, que antes Samira no dormía tanto, que el estrés las vence. Me habla rápido y pendiente al móvil. Cada vez que la casa titubea, cuando se abren las grietas y parece que va a caer el techo, Elizabeth implota. Se desahoga en Twitter.

Ahora truena y Samira se levanta. Marian también. Se sientan en el pequeño sofá de la sala. Más bien se acurrucan. Gotea el techo. Elizabeth está nerviosa porque Jorge, su esposo, fue a entrevistarse con la directora municipal de Vivienda y no ha regresado. Salió como a las ocho de la mañana. La última vez, la semana pasada, perdió la compostura, armó un escándalo y por poco le llaman a la patrulla. Elizabeth se toma dos pastillas. Revisa Twitter. Truena. Llueve duro.

Elizabeth ha utilizado las redes sociales para visibilizar el problema de su vivienda (Foto: Sabrina López Camaraza).

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Es el edificio 905 de la calle Damas, Habana Vieja.

El arquitecto Alejandro Silva González, especialista en proyectos y rehabilitación de estructuras, describe: “El edificio es de tres niveles, construido en 1914. Los puntales oscilan entre los cinco y seis metros y se divide en un apartamento por nivel. La estructura vertical está formada por muros de ladrillo, en los que los marcos de madera contribuyen a la distribución de las cargas, sobre todo en la fachada. Los ladrillos están colocados directamente sobre los marcos, sin cerramentos o arquitrabes. La estructura horizontal está formada en su mayor parte por el sistema viga y losa. En algunas paredes se localizan perfiles de acero embebidos. Pequeñas zonas del entrepiso son de hormigón armado. La escalera es de ‘bóveda catalana’, a la que generalmente no se le colocaba refuerzo”.

Yo veo que la fachada, despintada, con portón de madera y cristalería, no debe irse abajo de un empujón, que aguanta otros cien años. El lío es la escalera. Hay que pisar algunos escalones con el costado del pie, otros con la punta, otros hay que saltarlos, otros no existen. La física de la inestabilidad.

Hacia el primero y el segundo piso queda escalera de losa. Hacia el tercero, donde vive Elizabeth, se sube por tablas astilladas en la esquina entre el clavo y la baranda.

Ella se mudó aquí en 2013, cuando empezó su relación con Jorge. Tenía 35, dos hijas –Samira de nueve años, Marian de tres– y era maestra de inglés en su pueblo, Batabanó, Mayabeque. Jorge tenía 40 y podaba árboles para la empresa Áreas Verdes de La Habana.

Él vive aquí desde 2002. Antes vivía con su madre y su hermano en un apartamento casi nuevo, propiedad horizontal, en el Casino Deportivo, un reparto del municipio Cerro. Fue su madre quien se empeñó en mudarse, con la idea de seguir permutando hasta que los tres tuvieran casa propia.

El apartamento lucía habitable. La propiedad legal lo definía como tal. Sin embargo, después de la mudanza, el vecino del segundo les dijo que el edificio tenía orden de demolición desde 1974.

En 2008, cuando murió la madre de Jorge y él realizó los trámites para el traspaso de la propiedad a nombre suyo y de su hermano, la casa fue declarada reparable y en buen estado físico. El documento listaba afectaciones: humedad en el techo, fisuras, desgaste, porosidad en el piso.

En 2008, cuando Jorge realizó los trámites para el traspaso de la propiedad, la casa fue declarada reparable (Foto: Sabrina López Camaraza).

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Domingo 20 de mayo de 2018, 10:30 de la noche. Elizabeth leía en el sofá y empezó a llover en el momento en que Jorge bajaba la basura. Él regresó mojado, entró a bañarse. Entonces hubo un ruido violentísimo. Como una bomba. Un ruido continuado. La lluvia aflojó una viga y el techo se vino abajo sobre la escalera. La desguazó. Elizabeth corrió donde las niñas. Desorientada. Jorge abrió la puerta de la sala, bloqueada por escombros. No atinaron a nada. La sirena del camión de bomberos. La calle llena de gente. Desde dentro, los bomberos no pudieron pasar del segundo piso. Sacaron a Quino, el vecino de abajo. No hubo forma de que la escalera mecánica llegara al balcón del tercero: lo impedía la altura de los cables de electricidad. Entonces entraron al consultorio médico que linda con el edificio. Rompieron la ventana del baño de Elizabeth, que da a esa azotea: así los sacaron. Esa noche, en la acera, algún representante del gobierno municipal les preguntó si tenían dónde albergarse. El hermano de Jorge vive en Marianao con su esposa y sus hijos. Llegó a la Habana Vieja no saben cómo y se llevó a las niñas. Elizabeth y Jorge, que no quisieron irse porque saben que hay que hacer presión para que no te olviden, estuvieron tres noches en la acera. Entonces les ofrecieron espacio en la sala polivalente Jesús Montané, en calle Desamparado: la habían habilitado como albergue para esos días de lluvia. Sin camas. Con cajitas de comida cortesía del gobierno. Se negaron. Elizabeth empezó a perder pelo y Samira estuvo tres días sin habla. Jorge faltó una semana al trabajo. Le negaron la licencia sin sueldo y pidió la baja. Ahora ni siquiera tendrían los 1 500 pesos mensuales que él cobraba y que representaban la estabilidad económica de la familia. Elizabeth tenía cinco estudiantes a los que impartía clases particulares en la sala de la casa. Ahora tampoco tendría trabajo. Empezaron a vivir de los ahorros para la fiesta de 15 de Samira. Una brigada de la empresa SECONS terminó de demoler el remanente y sacó los escombros. Pero los dejaron sin escalera. Durante cinco meses la ventana del baño fue la puerta: una abertura a la altura del cuello, de unos 50 cm². Jorge les hacía apoyo con las manos, ellas saltaban de forma que el vientre llegara al hueco: medio cuerpo en un lado, medio en otro. Luego él saltaba impulsado en el muro de la bañadera. Cinco meses en eso. Todavía les quedan cicatrices de raspones. Samira se partió un brazo en un salto de esos, camino a la escuela. Jorge empezó a vender rollos de harina. Sin licencia. Por la calle. Nadie les dio llave del consultorio. Dependían del horario de la doctora. En los días previos al derrumbe un albañil reparaba la casa, con un subsidio de 55 000 pesos que les habían aprobado. Había terminado los cuartos y ya iba a empezar la sala. Después del derrumbe entró por la ventana, evaluó la situación y dijo que un martillazo podía acabar de romperlo todo. Elizabeth y Jorge pidieron un permiso en el gobierno municipal para arreglar la escalera. Les dijeron que es un área común y que el subsidio no podía ser usado fuera del apartamento.

Elizabeth y su familia estuvieron cinco meses sin acceder a la casa por la escalera (Foto: Sabrina López Camaraza).

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26 de agosto de 2018: Segundo derrumbe.

9 de octubre de 2018: Tercer derrumbe.

13 de octubre de 2018: Una brigada de SECONS monta una escalera de madera. Solución temporal, según dijeron.

Ese año se terminaron en Cuba 29 535 casas y el déficit habitacional superaba las 929 000. Al año siguiente se terminaron 43 700 casas y el déficit habitacional superaba las 900 000. En diciembre de 2019, durante una sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), el presidente Miguel Díaz-Canel dijo: “Reciclar los escombros proporciona gran cantidad de áridos, es una alternativa. No resuelve todos los problemas, pero es una opción. Todo tiene respuesta y posibilidades de avanzar”.

Jorge, que ya tenía la sala llena de escombros reciclados, se había pasado el año enviando cartas y fotografías al vicepresidente de la Construcción de la Asamblea Provincial del Poder Popular, a la Oficina de Atención a la Población del Consejo de Administración Provincial, a la Oficina de Atención a la Población de la ANPP, al Partido Comunista de La Habana, a la Oficina de Atención a la Ciudadanía…

Una mañana de mayo de 2020, bajo lluvia, las paredes de la sala crujieron como un cascarón de huevo y se abrió una grieta del techo al piso.

Después del tercer derrumbe una brigada de SECONS instaló una escalera de madera como solución temporal (Foto: Sabrina López Camaraza).

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A las seis de la tarde ya no llueve. Hubo fragmentos del techo que fueron a parar a la escalera, el agua que bajó por las paredes acentuó la grieta de la sala. Las niñas vuelven cada una a lo suyo. Elizabeth, que no puede llamar a Jorge porque él tiene un móvil, pero sin línea, va a recibirlo a la puerta cuando lo oye subir. “No resolví nada”, dice. Nos cuenta que lo recibió Karina Teresa Milán, directora municipal de Vivienda. Pone en el altavoz la conversación, que grabó con el móvil:

–Mi familia y yo tememos por nuestras vidas. Ya me hice expediente de albergue, ya hice todos los pasos habidos y por haber.

–Bueno, entonces usted tiene que darnos tiempo para yo poder empaparme bien de qué podemos hacer con el asunto y ver en qué medida lo puedo ayudar.

–Mi temor es por estas intensas lluvias… Hace años me aprobaron el subsidio para reparar, pero desde 2018 no se ha podido poner ni un clavo.

–¿En qué año le dieron el subsidio?

–En noviembre de 2017.

–(Al teléfono) Oye, ¿qué tú sabes del caso Damas 905? Aquí yo tengo a Jorge Luis Estrada buscando la solución a su problema. Sí. Ya. Entonces yo, ahora mismo, esa respuesta que tú me estás dando es la que tengo para él. Ya, bueno. (Cuelga. A Jorge). Según me informa Marlén [Marlén León, vicepresidenta de la Construcción del Gobierno Municipal], ya SECONS hizo las acciones de demolición hasta donde se debía reparar.

–La demolición que hizo SECONS fue lo que quedaba del techo de la escalera.

–¿Usted ha tenido algún otro desplome en estos días?

–Todo está irritado. Ya un arquitecto fue a verla hace poco.

–¿Dónde está el dictamen técnico?

–En mi casa, con mis papeles de la propiedad.

–Pero tenía que haber traído el dictamen para nosotros poder…

–Toda mi documentación está en el gobierno.

–¿Qué dice el dictamen?

–El dictamen dice “Orden de demolición”.

–Ya SECONS demolió.

–Vuelvo y le repito: la demolición que hizo SECONS fue lo que quedaba del techo de la escalera. Yo tengo orden de albergue y no hay capacidad, según me dicen los compañeros de albergue.

–¿Usted está dispuesto a irse para una capacidad de albergue? ¿Para la que tenemos?

–¿Entonces hay capacidad de albergue?

–Dígame nada más su voluntad. ¿Usted se va para la que tengamos?

–Sí.

–¿Usted por qué no terminó de reparar con el subsidio?

–Vuelvo y le repito que cuando estaba en obras de reparación vinieron los derrumbes. Entonces, el subsidio está aguantado. No se ha podido tocar más nada.

[“Los deterioros del sistema viga y losa son de difícil solución, toda vez que es poco práctico accionar directamente sobre el alma del perfil, que es la zona más deteriorada y que puede provocar el fallo sin aviso de la estructura”, explica el dictamen técnico.]

–¿Y por qué dejaron deteriorar tanto esa vivienda?

–Eso tiene orden de demolición desde el año 74.

–La Habana Vieja le hace honor a su nombre, porque las edificaciones son muy viejas. Los propietarios tienen que reparar su casa. Un poquito hoy, otro poquito mañana. Mi casa también es vieja, y si uno no le “pasa la mano”, aunque sea cada tres años, se cae.

–Desde el 2002 yo le estoy “pasando la mano” a esa casa. El problema es que alguien hizo mal el papel, porque si desde el año 74 ese edificio tiene orden de derrumbe total, ¿por qué le habilitaron la propiedad a mi difunta madre?

–Eso fue voluntad de su difunta madre, que era la propietaria. Y el propietario tiene derecho a hacer las solicitudes que entienda. Además, la vivienda no debe haber estado en esa situación que está hoy.

–Pero esto viene desde el 2018.

–¿Y por qué ustedes no han reparado desde el 2018?

[“La importancia de los deterioros permite clasificar la edificación como inhabitable. La reparación ideal es muy costosa, pues implicaría la sustitución total de los elementos horizontales y parcial de los elementos verticales”, explica el dictamen técnico.]

–¿De dónde voy a sacar miles y miles de pesos para reparar?

–¿Y por qué no terminaron con el subsidio? ¿Por los derrumbes? (A Dianelis R. Sarmiento, subdirectora municipal de Comunidades de Tránsito) Busca el expediente de albergue de Damas 905. Solicítale de oficio a Inversiones que reevalúe el asunto, y a partir de ahí tenlo en cuenta para la capacidad de albergue, donde aparezca. (A Jorge) Venga el martes en la mañana.

El gobierno municipal no les permitió utilizar el subsidio para arreglar la escalera (Foto: Sabrina López Camaraza).

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Domingo 23 de agosto de 2020. La tormenta tropical Laura, que amenazó, según la trayectoria estimada, con atravesar la isla, se ha desviado hacia el sur. Ahora bordea el país por debajo y parece que saldrá por algún punto en Pinar del Río. El gobierno de La Habana tomó medidas para asegurar los servicios básicos: Aguas de La Habana y la Organización Básica Eléctrica aplicaron labores de contingencia; la empresa Comunales limpió las zonas de posible penetración del mar; la Dirección Provincial de Salud estableció protocolos sanitarios especiales por la COVID-19.

Ese día, en una reunión, el vicepresidente del Consejo de Defensa Provincial, Reinaldo García Zapata, orientó “revisar los lugares de posibles derrumbes y determinar a qué lugares trasladar a los ciudadanos”. Luis Antonio Torres Iríbar, presidente del CDP, recomendó “prepararnos para la peor variante ante la inminente llegada de la tormenta”.

Ese día, Elizabeth subió a Facebook más fotos del desastre de su casa. Posteó un video con Quino, el vecino del segundo, un hombre de 80 años que recoge latas y vive solo. Exigió que el gobierno “se ocupe de ponerlo en un lugar seguro”.

–Elizabeth –le escribí por WhatsApp–, ¿cómo están? ¿Los evacuaron?

–Estamos en casa de una amiga.

–¿Y Quino?

–Allí mismo.

Eran las 9:30 de la noche. Treinta minutos antes la estación meteorológica de Casa Blanca había reportado vientos de 105 km/h.

Quino, de 80 años, vive solo en el segundo piso del edificio (Foto: Sabrina López Camaraza).

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Cuando escampa la casa es todavía menos segura. El efecto del sol cuartea las paredes. Chirrían las tablas de la escalera. Bajo aguantándome de todas partes y rezándole a Dios. Por eso nadie, ni funcionarios, ni los estudiantes de medicina para pesquisar, ni fumigadores, ni ningún vendedor, sube a esa casa. En abril pasado, en la Mesa Redonda, Elizabeth escuchó a Vivian Rodríguez Salazar, directora general de Vivienda del Ministerio de la Construcción, decir que el plan de este año supera las 41 000 viviendas: 15 000 por organismos estatales, 12 000 por entrega de subsidios y unas 13 500 por esfuerzo propio. Tuvo la esperanza de que le tocara alguna de esas. O uno de los 15 000 inmuebles con potencialidades para construir que mencionó la directiva. Pero ya está acabando el 2020 y siguen ahí: sin albergue y sin casa. Jorge tiene las uñas negras y rotas de tratar de arreglar. En lo que va de año ha ido a la Dirección Municipal de Vivienda por lo menos dos veces por semana. El martes siguiente a la reunión con Karina Teresa Milán enviarán un arquitecto, y este va a declarar el edificio en “Estática milagrosa”. Ese mismo martes le dirán a Jorge que tienen capacidad en un albergue en la Avenida del Puerto. Elizabeth visitará el lugar, me enviará fotos, dirá que sí, y luego, como siempre, la capacidad quedará en el aire. Seguirán siendo el caso Damas 905. Un día de estos, con la llovedera, la escalera va a acabar de podrirse y se va a caer. Por eso nunca le han puesto persianas a la ventana del baño. Cuando la escalera vaya abajo, entrar y salir por ese agujero volverá a ser, para ellos, la solución.

En lo que va de año Jorge ha ido a la Dirección Municipal de Vivienda casi dos veces por semana (Foto: Sabrina López Camaraza).

Sobre el autor

Jesús Jank Curbelo

Jesús Jank Curbelo

Padre de Ignacio en 2014. Graduado de Periodismo en 2016. Ha publicado 'Los Perros' (Guantanamera, 2017) y textos en revistas y antologías fuera de Cuba. Guionista de espacios dramatizados para 'RadioArte' (2013–2015). Reportero y columnista del diario 'Granma' (2015–2018). Reportero en 'Periodismo de Barrio' y columnista en 'elTOQUE'.

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