El domingo es el día de la familia. Lo sé por mi madre, que me hace videollamadas cada domingo desde que me fui a Ecuador, hace casi ocho años. Ella siempre sonríe, pero no con la mirada. Me muestra su casa limpia, en la que faltan mis pies marcados y los pelos de mis perros.

No sé bien cuándo mi viaje se hizo permanente, ni cuándo otra casa comenzó a ser la mía. El caso es que llega el día en que dices: aquí vivo, aquí trabajo y amo. Esa es la parte palpable de una vida, aquello que te ata a un tiempo y a un espacio, del que cada ida es solo un hasta luego.

¿Qué puede cambiar en solo dos semanas? Para mí, los últimos ocho años. No lo sabía cuando compré el pasaje para venir a Cuba y dejé a mi esposo, mis perros y mi hogar. Tampoco lo sabía mi esposo cuando llegó a La Habana días después. No lo sabíamos cuando dijimos “hasta luego”. No lo sabíamos antes del 14 de marzo. “Ecuador restringe el ingreso de turistas extranjeros a partir del 15 de marzo y de nacionales y residentes desde el 16”, gritaba desde el auricular una amiga que casi infarta en Quito, sabiéndonos en Cuba.

La noticia se dio 48 horas antes; el Acuerdo Ministerial (0000003 de 2020) tiene fecha del 14 de marzo. Las páginas de las aerolíneas se volvieron locas. Un pasaje que usualmente cuesta entre 500 y 750 dólares aparecía en 1 800 y ni así era posible pagarlo en un sistema colapsado. La aerolínea Copa, con la que llegué a La Habana, anunció la cancelación de sus vuelos hasta el 21 de abril, “en cumplimiento con las restricciones gubernamentales” y “debido a circunstancias sin precedentes fuera de nuestro control”. “Te informaremos el reinicio de operaciones”, decían en un correo electrónico.

Ahora pienso en unas tardes de domingo demasiado cercanas para que las cubra algo cursi como “la niebla del olvido” y demasiado lejanas como para imaginar la próxima. Son tardes de maratón televisivo de La ley y el orden: Unidad de Víctimas Especiales, sobre un sofá cama lleno de lamidas. Mis perros, Internet, sofá cama… Por ahí hay mucha gente con sus domingos rotos.

I

A semanas de que Ecuador restringiera la entrada de nacionales y residentes, se sabe que hay personas que no pudieron regresar en, al menos, 28 países. La COVID-19 está en 182, hasta el 17 de abril.

Se conformó el Frente Plurinacional por el Derecho al Retorno a Ecuador, se crearon páginas en Facebook y se juntaron datos para organismos de derechos humanos. El 20 de marzo, la Corte Constitucional dictaminó el derecho a volver de las personas que se encuentren en tránsito al país o en zonas fronterizas. La Defensoría del Pueblo ha trabajado en un protocolo de retorno. Hasta el momento, aplica para personas vulnerables: con discapacidades y de la tercera edad, embarazadas y menores de edad que viajaban sin tutores legales.

Uno de los primeros vuelos llegó desde México. Además del pasaje, quienes regresaron debieron pagar el transporte terrestre y la factura de un hotel de cuatro o cinco estrellas donde les ubicaron en Aislamiento Preventivo Obligatorio (APO) durante 14 días. La plataforma Derecho a Volver a Ecuador y la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU) denuncian en Twitter que, para abordar el avión, es requisito firmar una declaración de compromiso de contar con medios económicos, y que el costo del retorno está sobre los 2 000 dólares por persona. El Acuerdo Ministerial 0000001, del 12 de marzo, establece que el APO puede realizarse en domicilios de la misma ciudad por donde arribe la persona a Ecuador, siempre y cuando provea la dirección. Las críticas al uso de hoteles para el APO se fortalecen al tomar en cuenta que el 13 de abril, de los 7 529 casos confirmados de COVID-19 en Ecuador, 6 256 (83,09 %) se encontraban en aislamiento en sus casas.

El Comité de Operaciones de Emergencia (COE) del Gobierno ecuatoriano, no obstante, anunció en un comunicado del 29 de marzo la suspensión de aquellos vuelos humanitarios hacia el país que no hubieran sido autorizados hasta esa fecha, debido a “la saturación de los hoteles dispuestos para recibir a los compatriotas que retornan”. La ministra de Gobierno, María Paula Romo, dijo en televisión que muchas personas (no todas) al regreso se negaban a cumplir con el APO y viajaban a sus provincias usando salvoconductos que no eran para ese efecto. En un tuit del 30 de marzo, expuso los nombres de una pareja y su hija de cuatro meses, a favor de quienes se presentó una acción de habeas corpus contra autoridades del Gobierno ecuatoriano y contra el hotel (cuyo nombre sí oculta en el tuit) en el que afirman sus abogadas que fueron “privados de su libertad de forma ilegal”. La ministra lo consideró “¡increíble!” y presentó el hecho como justificación “para quiénes (sic) se preguntan por qué la suspensión de los vuelos humanitarios”.

El 12 de abril, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador anunció la reanudación de los vuelos humanitarios, considerando “superadas las circunstancias que llevaron a la suspensión”. Destacó que 1 438 personas retornaron al país en 17 vuelos operados entre el 20 de marzo y el 11 de abril. Esta última fecha genera interrogantes, porque desde el 29 los vuelos estaban suspendidos.

II

Nadie sabe exactamente cuántas son las personas ecuatorianas o residentes en Ecuador que fueron afectadas por la suspensión de entrada al país, pero dada la cifra de retornos, que correspondería solo a los grupos prioritarios, y los testimonios recopilados, superan ampliamente las 2 000. Algunas de ellas quedaron en aeropuertos, en lugares de tránsito. Frente a esto, las historias de cubanos y cubanas en Cuba no parecerían tan duras. Después de todo, es gente que está en casa.

Pero la madre de Ileana* se quedó sola en Ecuador. Pasó una semana con fiebre y no tiene familia allá. Ileana, su esposo e hija vinieron a Cuba por 15 días, “para no perder la residencia”. Según la Ley de Migración cubana, la residencia permanente en la Isla puede mantenerse si no se superan los 24 meses de estancia ininterrumpida en el exterior. Luego de eso, deben solicitarse prórrogas a la estancia, con un costo de 40 USD por mes. Las diferencias entre personas cubanas con residencia permanente en la Isla y aquellas que viajan a ella en calidad de emigradas van desde el acceso a un ómnibus Yutong en moneda nacional hasta el acceso gratuito a servicios de salud.

El 19 de marzo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba publicó una nota informativa en la que suspendía la necesidad de prórroga a personas próximas a cumplir los 24 meses de estancia ininterrumpida en el exterior y las autorizaba a permanecer fuera “hasta nuevo aviso”, manteniendo su residencia permanente.

Ya Ileana y parte de su familia estaban en Cuba y ya las fronteras de Ecuador se habían cerrado. En Guayaquil quedó su madre, “cardiópata y casi de la tercera edad”, porque iba a ser un viaje corto. A Ileana, que es doctora, le llegaron los mismos videos que a mí: gente enferma, tendida en baldes de camionetas, frente a hospitales guayaquileños que no abren sus puertas.

Ileana debe conocer ese sistema de salud, cuyo colapso registrado va mucho más allá de la denuncia y el miedo de los cubanos en sus grupos de WhatsApp. De los 8 225 casos confirmados el 16 de abril, 5 764 (70 %) corresponden a la provincia de Guayas. De las 403 personas fallecidas, 187 son de Guayas. El informe oficial del 16 de abril reconoce otras 632 muertes por deficiencia respiratoria. Aun así, son cifras poco exactas, por no decir creíbles. En redes sociales sobran los videos de cadáveres en las calles, las aceras y las casas. Cuerpos a los que Medicina Legal llega con retraso, y también el sistema funerario, “que no da abasto”, si es que no los rechaza por temor al contagio. Cualquiera que conozca de cerca los barrios empobrecidos de la ciudad sabe que han recibido el impacto más duro de la pandemia, cuando la precariedad y la violencia estructural llevan a muchos a romper la cuarentena y el toque de queda que rige en todo el país desde el 24 de marzo, de 2:00 p. m. a 5:00 a. m.

Estimar la huella final de la COVID-19 en Guayaquil requerirá tiempo y calma. El presidente Lenín Moreno dijo que construirán un cementerio “para que los compatriotas fallecidos en Guayaquil tengan el entierro digno que merecen”. Según El Comercio, la policía levantó 308 cadáveres en 8 días, del 23 al 30 de marzo. En el Registro Civil se inscriben diariamente casi el triple de las actas de defunción habituales. En el primer trimestre de 2019, en Guayas se registraron 5 645 muertes. En el primero de 2020, 6 804. Eso arroja una diferencia de 1 159 muertes, solo hasta el 1 de abril. Jorge Wated, encargado de la Fuerza de Tarea para el levantamiento y la sepultura de las víctimas, reconoció que en el mes de abril hay una diferencia de 4700 personas fallecidas en Guayas, respecto a la cifra habitual por mes.

Gracias a las gestiones del Consulado de Cuba en Ecuador, uno de ellos debe ser el del ciudadano cubano fallecido a finales de marzo, que vivía solo en la ciudad. No se sabe la causa de muerte, pero sus compatriotas denuncian su descomposición por varios días, que destacó la suya entre tantas historias. “No somos perros, coño”, rompe en llanto una cubana que no conocía al fallecido.

La Defensoría del Pueblo, en su exhortación al Gobierno y la Asamblea Nacional del Ecuador por el regreso humanitario de ciudadanos ecuatorianos y residentes en el país, del 21 de marzo, apunta la “grave exposición” de quienes se ven impedidos de retornar “en un contexto de potencial contaminación epidemiológica”. Comparar la situación de la COVID-19 en Cuba y Ecuador no aporta argumentos de peso para un retorno desde la isla, pero sí en la dirección opuesta.

Que “prefiere comer mierda en Cuba que delicias aquí” dice Ana, que quiere regresar cuanto antes. Alguien más en Guayaquil se pregunta “¿Qué podemos esperar los cubanos?, si en los hospitales no atienden ni a los ecuatorianos”. La mayoría lamenta que allí no cuenta con los recursos económicos o la seguridad para evitar contagiarse de la enfermedad. No falta quien comenta la xenofobia vivida, quien dice que nadie que esté en Cuba querría ir para Ecuador en estos momentos, y quien evoca con melancolía las bondades isleñas: “Nada como tu país”, “Nada como la familia”, “Medicina buena y gratis”… Por momentos la distancia parece triplicarse, como se siente el tiempo que ha pasado para algunos.

III

Por dos días, por cinco o por diez… Los plazos de sus viajes ahora se sienten como una mala decisión que jamás volverían a tomar. Las historias se repiten. “Solo vine por tres días”, cuenta Juan, que quiere regresar de Quito cuanto antes, pues está en casa de unos amigos y cada día le quedan menos recursos. Cuando iniciaron las gestiones de retorno, sobre el 20 de marzo, este no era impedido por las restricciones vigentes en el país donde está. El Acuerdo Ministerial 0000003 establece en su artículo cuarto que “los ciudadanos extranjeros que decidan viajar fuera del Ecuador [durante la restricción de entrada al país] podrán seguir haciéndolo libremente”. En el comunicado del 29 de marzo, el Comité de Operaciones de Emergencia reiteró que “las autorizaciones de salidas de vuelos con extranjeros desde el Ecuador” continuarían en vigor.

La ministra de Gobierno, en la misma intervención televisiva en la cual habló de la suspensión de los retornos al país, declaró que continuaban los vuelos para “sacar del Ecuador a extranjeros que sus países están enviando a recoger”. El boletín informativo del Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre señala que, hasta el 22 de marzo, se repatriaron cerca de 3 000 personas, en 14 vuelos humanitarios dirigidos a Europa sobre todo.

Pueden salir, ¿pero en qué? El regreso de Juan, por Copa Airlines, fue cancelado como muchos otros. En su página en Facebook, la aerolínea tiene un álbum sobre “restricciones de viajes en la región, con información actualizada hasta el 18 de marzo”. En él no aparece Cuba, y para Ecuador consta solo una “prohibición de entrada de extranjeros” desde el 17 de marzo al 15 de abril, fecha límite que no coincide con las disposiciones del Gobierno ecuatoriano porque, para esa fecha, lo establecido era que el Comité de Operaciones de Emergencia revisara las medidas el 5 de abril. Lo hizo y decidió extenderlas durante todo el mes. Para Panamá, donde hacen escala los vuelos que conectan a Cuba con Ecuador, en un sentido y otro, consta una restricción de la entrada de extranjeros desde el 16 de marzo hasta nuevo aviso. En un comunicado en su página web, sí aluden a las medidas tomadas por Panamá el 22 de marzo, que prohíben todos los vuelos internacionales de pasajeros hasta el 21 de abril.

La dispersión de datos está haciéndose costumbre. También los cambios, que tienen en vilo a tantos: hoy se autorizan los regresos, mañana se suspenden… Esto, y el desconocimiento de las competencias de empresas privadas, Gobiernos y organismos internacionales, agravan la tensión de quienes se sienten varados.

Junto a Copa, Latam es la segunda aerolínea que viaja a Cuba sin escala en Estados Unidos. El 16 de marzo, redujo el 90 % de sus vuelos internacionales “ante los nuevos anuncios de cierre de fronteras de diversos países y la consecuente caída de la demanda”, según informó en un comunicado. El 29 de marzo suspendió las operaciones restantes hasta el 30 de abril. Copa y Latam permiten utilizar el valor completo de los pasajes cancelados hasta el 31 diciembre de 2020. Para algunas personas, diciembre parece un lugar irreal.

Aunque tiene residencia permanente en ese país, Juan solo vivió en Ecuador “los primeros años”. Tuvo cáncer, se operó y ahora viaja una vez al mes “por un negocio”. En Cuba lo esperan sus padres ancianos y sus hijos. Residir no necesariamente equivale a vivir.

“Vivir transnacional” le llama Luis Eduardo Guarnizo a las relaciones de los y las migrantes con sus países de origen y destino, que abarcan mucho más que las remesas. Alguien cuestiona los vínculos económicos en un grupo: “Vinieron de mulas y los cogió el cierre acá”. Nadie responde. La importación comercial de mercadería a Cuba por personas naturales está restringida por la Ley de Aduanas. Otras personas cuentan que en su equipaje viajan medicamentos para su familia en Cuba.

A esas relaciones tampoco las confina una visa de residencia, temporal o permanente, como recuerdan cubanos que viajaron a Ecuador por negocios, con una visa de turismo, o que se mantenían con una situación migratoria irregular, en trabajos también irregulares que ahora solo pueden ejercer a riesgo de sus vidas. Las salidas en cuarentena se regulan según el número de cédula. Los controles también y eso expone a quienes antes de la pandemia buscaban formas de subsistir sin documentos que justifiquen su estancia en el país. El virus ha descubierto los costados sangrantes de muchas historias de migración forjadas “bajo las balas”.

Un intento de evitar perjuicios a la situación migratoria de las personas afectadas por las restricciones de viajes internacionales es el Acuerdo Ministerial 0000035, del 19 de marzo de 2020. Este amplía los plazos de las visas vigentes o vencidas a partir de ese día, para que las personas extranjeras puedan permanecer legalmente en Ecuador como turistas, residentes temporales o permanentes. También suspende los “plazos de ausentismo” fuera del país de las personas residentes, que son contabilizados y constituyen causa posible para eliminar la residencia en determinados casos, y negar la solicitud de naturalización en otros, según la legislación vigente. Esto al menos cubre un ángulo de un problema con muchos otros.

La madre de Ileana, que sigue sola en Guayaquil, no tiene un salario para subsistir o alguien que la ayude con medicinas y alimentos. Ella y su familia quieren volver a Ecuador, como Julia, que tiene allá a su hija embarazada, y Maritza, que tiene a sus dos hijas. Para Ileana, su madre es la principal preocupación, porque aquí en Cuba “la familia apoya”, aunque ni ella ni su esposo, residentes en Ecuador desde hace siete años, tienen un trabajo que les genere ingresos en el país donde nacieron ni ahorros planificados por más de 15 días.

“No es lo mismo venir a Cuba de vacaciones que tener aquí tu trabajo y medios de subsistencia”, dice Rosario, que quiere volver a Ecuador. “Se acaba la comida, se acaba el dinero”, dice Roberto, que quiere volver a Cuba. La vulnerabilidad económica está en el centro de los debates sobre posibles retornos, con denuncias sobre los perjuicios económicos que implica la permanencia obligada de las personas fuera del país donde viven.

En Cuba, el 31 de marzo se autorizó a grupos en riesgo a la COVID-19 a ausentarse de sus puestos de trabajo y el 9 de abril, luego de que el país entrara en la etapa de transmisión autóctona limitada, se decidió el cese de actividades laborales no imprescindibles. Las actividades docentes ya habían sido suspendidas, desde el 24 de marzo y hasta el 30 de abril.

En Ecuador, las medidas de distanciamiento social que rigen permiten el teletrabajo. Pese a la suspensión de la mayoría de actividades, en aquellas que sea posible, Internet llenará el vacío entre la gente. Sin embargo, Julia está preocupada. Su esposo quedó en Cuba, junto a ocho compañeros de trabajo de una unidad educativa en Portoviejo, que vinieron de vacaciones a su país natal. Él debía viajar por muy pocos días, a traer a su hija. Ella está a cargo de su madre, una persona diabética de la tercera edad y de su hijo pequeño, sin la ayuda de nadie, pero eso es otra cosa. Empezaron las clases por plataforma virtual y él no tiene acceso a un Internet que le permita trabajar.

Nicolás, que en casa de su madre tiene acceso a Nauta Hogar, no logró subir un video de sus clases. Solo duraba 15 minutos. Le propuso a la universidad donde trabaja en Ecuador grabar varios audios, pero no aceptaron. Esa misma universidad despidió esta semana a varios docentes. Futuras denuncias por violaciones de derechos en el sector privado se inscribirán en el contexto de cerca de 25 000 despidos en el sector público ecuatoriano durante el año pasado. Cubanos que han perdido sus empleos por estos días piden sumarse al vuelo; dicen que se acabó su razón de seguir en Ecuador.

Mis padres me dicen que por suerte estamos aquí en Cuba, que lo veamos como una bendición, que el trabajo no es todo en la vida. Que solo en la provincia Pichincha (a la que pertenece Quito), hay más casos confirmados de coronavirus que en Cuba completa. Mi madre estaría loca si yo siguiera allá, y no aquí donde impuse cuarentena desde antes de que el Ministerio de Salud Pública (Minsap) hablara de “aislamiento social”. Cuando yo llegué a Cuba, el 2 de marzo, había 8 casos en Ecuador y ninguno en la isla. Allá ni siquiera hablaban de cuarentena y acá seguían recibiendo al turismo. Pero en solo 12 días el susto me golpeó en plena cara. Uno de mis países cerraba sus fronteras…, el otro, más optimista al parecer, traduciría en medidas sucesivas su preocupación creciente. Sé que estaría deshecha hoy, de saber solitos a mis padres. ¿Quién haría las gestiones, si los dos son población de riesgo?

IV

La Cancillería de Ecuador, en un tuit del 29 de marzo, reitera que “permitir el ingreso masivo de pasajeros al país es un riesgo para todos”. Aclara los cuatro pasos del protocolo para los grupos prioritarios (vulnerables), que estuvo suspendido desde el 29 de marzo hasta el 12 de abril: 1) contactar al Consulado; 2) esperar que la solicitud de retorno sea respondida y, si es aceptada, 3) obtener un certificado de viaje y 4) gestionar el pasaje con una aerolínea.

Varias personas responden al tuit denunciando que los consulados en diversos países no responden y “no están ayudando”. Leidy, una cubana con doble nacionalidad, que está en Cuba, dice que “no le hacen caso”.

“Si no están atendiendo a los nacionales, qué podemos esperar para los que solo somos residentes”, se pregunta Delia, una cubana que vive en Ecuador, no es ciudadana de ese país y quedó en Cuba tras el cierre de fronteras. La ley ecuatoriana permite aplicar a la ciudadanía por naturalización, entre otros casos, a personas extranjeras casadas con un(a) ciudadano(a) ecuatoriano(a), que tengan hijo(a)s nacido(a)s en ese país o una visa de residencia por un período mínimo de tres años (cumpliendo requisitos adicionales como tener un nivel establecido de ingresos y no sobrepasar un número de días fuera del país). Por matrimonio, el proceso es más corto; por visa de residencia demora actualmente unos dos años y existen expedientes atrasados de personas que esperan casi tres. Así le sucede a Yania, pero ella tuvo la suerte de regresar de Cuba unos días antes de que tomaran las medidas. Allá en Quito, aunque haya mucho más contagio del SARS-CoV-2 que en Cuba, se siente segura.

La situación de las personas residentes en una futura ampliación del protocolo de retorno a Ecuador es una duda recurrente de quienes se quedaron en Cuba. Las gestiones de retorno incluyen a ciudadano(a)s y residentes, pero la ministra de Gobierno habló en televisión el 29 de marzo de “vuelos para traer a los ecuatorianos del exterior”.

Del otro lado, el primer ministro de Cuba, Manuel Marrero, afirmó en la Mesa Redonda del 23 de marzo que las personas residentes en Cuba son “bienvenidas a regresar” y “que este es su país”. El Consulado de Ecuador en Cuba ha reiterado a quienes se encuentran gestionando su regreso a la Isla la disposición de las autoridades del país de recibirlas.

Según las medidas establecidas el 23 de marzo, los residentes permanentes en Cuba que llegaran al país irían a centros de aislamiento, por 14 días. Tanto el traslado como la estadía en ellos son gratuitos. La cifra de residentes permanentes en Cuba que llegaron al país fue disminuyendo desde que entraron en vigor las medidas: según el Minsap, el 22 de marzo entraron 3 640 residentes y 460 cubanos que residen en el exterior. El 31 de marzo el Gobierno tomó una nueva medida: la prohibición de entrada al país de aeronaves de pasaje, con excepción de vuelos humanitarios. Entraría en vigor luego de 48 horas y añadiría un paso más en las coordinaciones requeridas para el retorno a Cuba. El 11 de abril no existieron entradas.

Según Francisco Durán, jefe nacional de Epidemiología del Minsap, quienes retornan al país se consideran “pacientes en vigilancia”. En la conferencia de prensa del 12 de abril declaró que se contabilizaban 207 personas en esa categoría. La cifra incluye a residentes que aún no cumplían los 14 días de aislamiento.

Varias personas que quieren regresar desde Ecuador dicen que aceptan el aislamiento obligatorio, por su salud y la de sus familias en la Isla; otras, que no quieren regresar, advierten que siempre serán un riesgo para quienes están acá. Las autoridades consulares reiteran que un vuelo de retorno no está exento de riesgos. A la posibilidad de contagios previos se añaden el trayecto por dos aeropuertos y compartir un avión con decenas de personas. Esa es solo la parte previsible. El 9 de abril, un vuelo de repatriación a Europa tuvo problemas técnicos y sus 300 ocupantes debieron pasar una noche completa en Guayaquil. En los grupos se proponen soluciones artesanales para “viajar protegidos” y se insiste en que la necesidad de regresar sobrepasa el peligro.

Las medidas del Gobierno cubano para el regreso se refieren a personas que mantengan la condición de residentes en la Isla. Mabel la perdió: no tuvo entonces ni tampoco tiene ahora el dinero para comprar un pasaje de Ecuador a Cuba. Poder viajar en el vuelo humanitario es la salida de un país donde es irregular (“ilegal”, para muchas autoridades migratorias) y de una casa donde vivió violencia, a donde la COVID-19 la confina como nunca antes, con su agresor y familia. El servicio de emergencias ECU911 ha recibido 6 819 llamadas por violencia de género durante la cuarentena.

La COVID-19 ha conjurado un fantasma inoportuno, el género, allí donde algunos insisten en mirar la violencia hacia las mujeres como un delito más. Nuevamente la vemos propiciada en el encierro, cuando la figura policial del Estado disuade o impide otros delitos. El virus ha hincado también sus dientes en esa noción esquiva que insisten en llamar ciudadanía. ¿Hace falta un pasaporte para entrar a tu casa? ¿Basta un pasaporte para entrar a tu casa?

V

Las preguntas se esconden en espacios creados para abogar por que puedan volver a sus hogares quienes quedaron en Cuba y Ecuador. El número de personas con nacionalidad cubana que quieren volver a la Isla oscila entre 100 y 200; el de cubanos que residen en Ecuador y quieren volver a ese país es difícil de estimar. Los datos deberían ser recopilados por el Consulado de Ecuador en Cuba.

Uno de ellos es un grupo público en Facebook, creado por familiares de un cubano que se encuentra en esa situación. En él se comparten historias de precariedad y anhelo, y se exhorta a las familias de las personas afectadas a que se comuniquen con el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) de Cuba para insistir en que faciliten su regreso. A quienes llaman casi diariamente, les comunican que tienen un listado de las personas afectadas y se están haciendo las gestiones pertinentes.

Otro es un grupo de WhatsApp con más de 200 miembros, que pide un avión humanitario Ecuador-Cuba y Cuba-Ecuador. La posibilidad de ese vuelo sin la participación de aerolíneas privadas incluye a la ecuatoriana Tame y a Cubana de Aviación. Tame suspendió en 2018 sus vuelos a Cuba y Venezuela. Cubana de Aviación no opera vuelos de pasajeros a Ecuador, luego del accidente del vuelo CUB389 en Quito, en 1998, que mató a 80 personas e hirió a otras 14, y que se considera el segundo peor en la historia aeronáutica ecuatoriana.

Quienes se han colocado a la cabeza de las gestiones para el retorno han consultado con Copa sobre su disposición de operar el vuelo humanitario. La aerolínea, que ya ha realizado otros vuelos humanitarios, ha respondido en Twitter y por correo electrónico que está dispuesta, pero se necesita autorización de los Gobiernos involucrados, Cuba y Ecuador, en principio, y un tercero en caso de escalas.

Para regresar a Cuba, el Gobierno de la Isla debe reconocer el carácter humanitario del vuelo y autorizar el viaje de cada persona. A algunos les preocupa que se revise la gravedad de cada caso, y se decida quiénes tienen motivos más fuertes para viajar. Para el retorno a Ecuador, si la persona solicitante mantiene su condición de residente permanente en Cuba, el Gobierno de la Isla también deberá autorizar su salida, según las medidas establecidas el 23 de marzo, en un mecanismo que regula todas las salidas de residentes en el país, salvo aquellas humanitarias, pero cuyo mecanismo no está publicado hasta el momento. Autoridades del Minsap confirmaron que el 3 de abril salieron del país cuatro cubanos residentes, y subrayaron la excepcionalidad de los casos: allí donde viven, un familiar cercano está enfermo de gravedad. En el vuelo humanitario operado entre Perú y La Habana a principios de abril, no pudo regresar un cubano residente permanente en Cuba, que vive en Perú desde 2017, a pesar de que sí viajaron su esposa y su hija de nacionalidad peruana.  El Gobierno de Ecuador también deberá autorizar la entrada de nacionales y residentes en ese país, al aplicar el protocolo para el retorno de grupos vulnerables o ampliarlo, considerando las demandas de las personas afectadas.

El silencio del Consulado de Ecuador en Cuba, con el que se han intentado comunicar varias personas, se dibuja en los espacios que aúnan a cubanos en ambos lados. Una contestadora es lo más cerca que he estado de poder hablar con alguna autoridad consular. Miembros de los grupos cuentan que se les ha negado la entrada al Consulado, en La Habana, por no tener pasaporte ecuatoriano, al igual que la falta de respuesta a sus mensajes y llamadas.

Celebran que, en contraste, el Consulado de Cuba ha establecido diálogo y solicitado datos para facilitar los retornos, aunque su incidencia directa solo abarque a las personas cubanas que están en Ecuador y quieran volver a Cuba. Destacan la actitud del cónsul de Cuba en Ecuador, que responde personalmente los mensajes en los grupos.

En estos, la noticia de que Cuba también prohibió la llegada de vuelos internacionales fue recibida en medio de la conmoción por la muerte del cubano en Guayaquil, y del pedido de que aumente la denuncia en redes sociales, para que se acelerara la atención al cadáver. Algunas personas que están en Ecuador vieron la prohibición como el fin de las gestiones, hasta que se reanuden nuevamente los vuelos. Intercambiaron direcciones y datos para redes de ayuda, que les permitan subsistir y cuidarse entre sí. También experiencias de personas que ya han adquirido el virus, de otras que sospechan que pueden tenerlo y teléfonos del personal médico dispuesto a asesorarlas por esa vía. Se aconseja a quienes enfrentan amenazas de desalojo por parte de las personas que les arriendan. “Resiste, que no pueden botarte”. Se pide calma a quien desespera y dice que ha sido demasiado tiempo para sacarlos de allí. “Saldremos juntos, celebraremos en Cuba”.

Otras personas son más optimistas. Comparten noticias de vuelos de retorno y se agarran con fuerza al adjetivo humanitario, que ha marcado históricamente el accionar de Cuba, fresco en la memoria con el crucero MS-Braemar. Alguien me insiste en que este texto “no se vuelva político”; agradece a Cuba, agradece a Ecuador. Entiende las medidas, pero igual pide ayuda.

De uno y otro lado, hay quien acepta el “hasta nuevo aviso” mientras piensa que es solo un “hasta luego”. Siente que su historia no debe robarle espacio a la gran protagonista de estos días, la muerte. Hay quien se resiste y lucha por lo que (no) espera en casa. A esa casa (en Cuba o Ecuador) la ve tras las fronteras, la busca a ciegas en un pasaporte, la sueña tras el miedo que le aleja el mañana. Son esas las personas que quieren llegar a Cuba o a Ecuador por la COVID-19, o a pesar de ella. La vida, a veces, es más que una pandemia.

 

* Todos los testimonios aparecen bajo nombres ficticios, por petición de algunas personas y decisión de la autora del texto, que desea evitar posibles repercusiones para sus gestiones en curso, y a consecuencia de su estatus migratorio en ambos países. Si alguna instancia de derechos humanos desea contactar a las personas testimoniantes, en el texto se indican los grupos públicos donde pueden encontrarlas, junto a otros cientos en su misma situación.

Sobre el autor

Liudmila Morales Alfonso

Liudmila Morales Alfonso

Periodista, docente, investigadora y editora. Se especializa en temas de género y comunicación.

Un comentario

  • Muy bueno. Más historias de dramas personales que se suman a este drama universal por el que estamos pasando todos.

    (Una aclaración necesária: no es cierto cuando se afirma que, “para no perder la residencia [en Cuba]” […] «deben solicitarse prórrogas a la estancia, con un costo de 40 USD por mes.» Estas prorrogas mensuales fueron eliminadas hace años. Ahora solo están vigentes el limite de los 24 meses –ahora en suspenso, como bien señala la autora– y las prórrogas a cada 2 años para que el pasaporte continue válido)

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