Ni vivos ni muertos. No aparecen peces. Lo que hay en el mar es una línea con restos de petróleo que viene del muelle y pasa exactamente por la punta de la dársena, que es la punta donde los pescadores llevan toda la vida cogiendo pintadillas y serruchos. No se ve bien dónde acaba la línea. Esta tarde, aunque nadie se los dijo, estos 15 o 20 hombres están tirando cordeles hacia el lado derecho de la dársena, porque en la punta, donde el mar se abre, y hacia la izquierda, donde empieza el muelle PC–3 de la Base de Supertanqueros, pescar es por gusto.

Lo que se ve de muelle desde la dársena es un embotellamiento de estructuras demasiado complejas que salen de la tierra o del mar. La línea de petróleo es un arcoíris largo que flota, es una estela grasienta como las que hacen los carros en los charcos. Humberto y Puig, por ejemplo, están aquí sentados desde las 12 y son más de las 7 y no han cogido un pez. Por pura lógica, como todos, tiraron los cordeles hacia la derecha, con la esperanza de que algún animal hubiera quedado atrapado en el charco entre la tierra y el petróleo, pero hace cuatro días del derrame y los atrapados ya han sido capturados por los cordeles. Humberto, 30 años, tatuajes, pantalón recortado hasta los muslos, dice que el día después del derrame fue bueno, mucha pesca, mucha plata, felicidad, al día siguiente poco, ayer nada.

A este lugar le llaman La Mur. Dicen que fue una playa. Ahora es el pedazo de mar que linda con el PC–3 y, por ende, con el resto de la Base y, por ende, con el resto de la Empresa Comercializadora de Combustibles de Matanzas (ECCM). No es zona de pesca. Para los pescadores con licencia la zona de pesca empieza a más o menos 200 metros. Los que vienen a la dársena lo hacen por hobby, por matar el tiempo, y también para conseguir dinero. Y comida. A la dársena se llega por un camino que está tras un muro a la orilla de la carretera de acceso a la Zona Industrial. Más allá empieza la veintena de casas que compone el barrio La Mur. Las últimas casas limitan con la calle que lleva al PC–3. Lo que saben del derrame los vecinos es lo que ha dicho la televisión y que han visto en estos días un movimiento agitado de carros y rastras grandes (pailas) que, suponen, tienen que ver con eso. Los que fueron el martes a la dársena saben que había una gran mancha oscura en el mar y que había movimiento de embarcaciones y máquinas tratando de atajar el petróleo. Ese día no tiraron cordeles. Los curiosos se quedaron mirando.

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A las 3:10 a.m. del martes 2 de octubre un desperfecto en el brazo mecánico que conectaba el muelle PT–1 (único del país donde atracan buques de hasta 150 000 toneladas) con el buque Ocean Elegance, que operaba con la Empresa desde el 27 de septiembre y ahora descargaba petróleo crudo, provocó el derrame. La desconexión duró unos 10 minutos. Hubo una mancha en el casco del buque de más o menos 50 centímetros. Sobre las 4:30 empezaron la limpieza en la cubierta y los especialistas de la Empresa salieron al mar con un remolcador a localizar el área donde se había concentrado el combustible. Concluyeron que fue entre el PT–1 y la costa, es decir, se extendió por los muelles PC–2, PC–3, tocó la punta de la dársena y continuó. A las 8 a.m., los remolcadores desplegaron 800 metros de barrera rígida desde las inmediaciones del PC–3 hasta la propela del buque. Se trata de barreras superficiales, con faldones que se hunden entre 20 centímetros y un metro, para contener el petróleo flotante. Pero había mal clima y el oleaje hacía saltar el petróleo. Pusieron una segunda barrera para atraparlo e hicieron un cierre contra la costa.

Es primera vez que se derrama combustible en Matanzas durante operaciones en los muelles. A veces se han encontrado manchitas, pero las fumigan rápidamente. El caso que todo el mundo recuerda, en 1998, cuando se volcaron más de 500 toneladas de petróleo Varadero, fue provocado por la colisión de los buques Bravo y Sharadar. Así que hasta el momento la experiencia de la Empresa en estos temas se basaba en simulacros.

Hay un equipo especializado que ejecuta trabajos de limpieza industrial. Son nueve hombres. Pertenecen a la Unión de Industrias Militares Astillero Centro de Cienfuegos y trabajan de conjunto con Reuco, una multinacional que les proporciona equipamiento y químicos. Llegaron a Matanzas la tarde del martes, ayudaron a poner las barreras y trajeron un skimmer, una bomba flotante que succiona el combustible ya contenido de la superficie del mar y lo bombea hacia pailas en tierra mediante mangueras. A ese procedimiento se le llama rebosar. El martes, con ese skimmer y con el de la Empresa, extrajeron dos pailas de 30 000 litros cada una de agua con combustible. Mientras tanto, supone Puig, los peces se apilaron en el charquito limpio entre la tierra y el petróleo, a la derecha de la dársena.

Para fumigar los –según Lidia Rodríguez, directora de la ECCM– 4 000 litros aproximadamente que quedaron fuera de la barrera, como es casi imposible trajinar con remolcadores en las aguas bajas, se solicitó ayuda a pescadores con embarcaciones. El miércoles los skimmers de Reuco y la ECCM sacaron cuatro pailas del área entre barreras y otras nueve el jueves. Se les sumaron skimmers de empresas asociadas a Cupet y fuerzas humanas. La noche del jueves 4 de octubre, en menos de un minuto, Rafael Serrano informa a Cuba de la eficiencia con que trabajaban en la bahía de Matanzas para mitigar daños ocasionados por el derrame. Hasta ese momento, oficialmente, el país no sabía del incidente. Serrano habla de 100 metros cúbicos (100 000 litros) vertidos. Lidia Rodríguez dice que poco después calcularon entre 50 y 70 metros cúbicos.

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Para fumigar los –según Lidia Rodríguez, directora de la ECCM– 4 000 litros aproximadamente que quedaron fuera de la barrera, como es casi imposible trajinar con remolcadores en las aguas bajas, se solicitó ayuda a pescadores con embarcaciones

Para fumigar los 4 000 litros aproximadamente que quedaron fuera de la barrera se solicitó ayuda a pescadores con embarcaciones (Foto: Marcos Paz)

La línea se camina haciendo equilibrio por un carril o saltando de una piedra a otra porque el agua se estanca entre los rieles y hace crecer guajacones y hierbas e insectos. Por ahí no pasan trenes. A un lado quedan las paredes y los patios traseros de las casas; al otro, rejas y puertas metálicas cerradas con candados. Entre las rejas, que dan a terrenos cenagosos a orillas del río Yumurí, se ven barquitas flotando, barquitas encalladas, instrumentos para pescar. Las 10 a.m. es mala hora para encontrar pescadores. Los que salieron en la madrugada no han regresado o bien están durmiendo. Los que salen de día ya salieron. No hay gente en las tres o cuatro casetas de la base de pesca Reinor García, excepto niños descalzos por la línea, viejos fumando lejos. La línea es el lugar en el que mueren algunas calles perpendiculares, estrechas, donde casi todas las casas son de esas que llaman biplantas. Al otro lado de la línea, en la calle sin asfalto, hay unas cuantas casas casi cayéndose, de cinc y tablas. La línea desemboca en un parquecito junto al puente Versalles.

La base Camilo Cienfuegos, a par de cuadras de la Reinor, tiene un custodio que vive en un cuartucho tras la puerta y controla lo que entra y lo que sale. Él sabe que Yosián fue de los que fueron a lo del petróleo. Él tiene los números de Yosián y de todo el mundo. Él dice que esos charcos a media pierna en el trillo que lleva a la ladera del río, donde guardan las barcas, son porque ahora está alta la marea. En la base hay dos hombres sacándole rosca a un tubo con una máquina. Par de almacenes. Otro grupo de hombres conversando. Poco más. Yosián Rosales, 34 años, 20 pescando, tiene una barca blanca, una belleza a motor, poco calado, llamada Nany. La mañana del martes llegó un jefe de guardafronteras a la base y le preguntó si podía…

“Lo que hice fue transportar a un muchacho que fumigó por fuera de la valla. Se veía una película en el agua. Éramos yo y dos botes más en eso. Más o menos de una de la tarde hasta que oscureció”.

Yosvany Hernández, 42 años, hizo lo mismo el miércoles en su barca, Ana, otra belleza de madera que tiene desde 2002. Yosvany pertenece a la Reinor García, su cuartón es el de mampostería que sobresale por entre los otros, pero siempre está metido en la Camilo. “Me montaron –dice– a dos trabajadores y buscamos las manchas, que no eran muchas. Estaban dispersas. Donde había, fumigaban. Con mochilas. Un líquido transparente. Empezamos en el Supertanquero y terminamos en la playa Los Pinitos”.

El líquido, según Pedro Romero Suárez, jefe del equipo de Cienfuegos, es Crystal Simple Green, un químico biodegradable que rompe la cadena carbonada del hidrocarburo, y lo evapora. A Yosián y a Yosvany les dieron sendos pomos con Crystal para limpiar la mugre de las barcas. Dicen que cuando lo echan, con el tiempo, se come los lunares de petróleo. Ana se embarró poco. Nany, mucho. Yosián tuvo que echarle diluyente.

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Informe del proceso. Viernes 5/10/2018.

-Se recolecta el producto con cuatro pailas. Se extraen ocho.

-Concluye la limpieza del casco del buque.

-Se realiza recolección manual del producto de la costa, con latas.

-El Ejército Juvenil del Trabajo trabaja en la limpieza de las playas El Judío y El Tenis.

-El CITMA y el Grupo de Medio Ambiente de Cupet recorren todas las playas a fin de evaluar afectaciones.

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La estela de petróleo recaló en la playa de Los Pinitos, nombrada ahora ofcialmente como “El Judío”

La estela de petróleo recaló en la playa de Los Pinitos, nombrada ahora oficialmente como “El Judío” (Foto: Marcos Paz)

La playa Los Pinitos, oficialmente llamada El Judío, es, por su ubicación, el lugar al que tradicionalmente va a parar cualquier cosa que arrastre el mar, como resultado de las corrientes este–oeste que señorean la bahía. Nadie se baña en Los Pinitos. Mucha roca, poca arena, cocoteros. Por el aniversario 325 de la ciudad, que es el 12 de octubre, alrededor de la playa están construyendo un muro de 950 metros de largo que enchufe el viaducto con el malecón viejo. El muro a medio hacer está manchado. Hay constructores con sus concreteras, sus palas y sus pilas de bloques. El hombre que está a cargo del proyecto dice que comenzaron el 19 de septiembre y que deben entregar el mismo 12. Dice que él y sus 30 trabajadores pertenecen a una cooperativa no agropecuaria llamada La Concordia. Como están trabajando en paralelo al equipo de limpieza del derrame le pregunto si ha habido algún conflicto y dice que en el trasiego de las máquinas. En realidad, la afectación causada por el derrame parece no haber sido gran cosa. Nadie le ha hecho mucho swing. La ciudad sigue andando. Los parques, las paradas, algunas calles y algunos edificios están siendo recompuestos por el aniversario. Incluso sigue andando una base de remos a la orilla del viaducto. Unos cuantos veleros navegan cerca de la zona del derrame.

Sobre las 2 p.m. del sábado hay palas, guantes y tanques ennegrecidos alrededor del muro, con cabillas paradas en el cemento. Cocoteros en medio del recebo. Hierba muerta. Palos acostados entre las rocas que hacen de barreras naturales contra el alquitrán sólido –una masa parecida al chapapote que viene con el mar y que es lo que queda del vertimiento–, y una barrera artificial (una tubería blanca que se ennegrece) en la arena gris. El agua luce oscura. Hay viento y un poco de lluvia que va y viene. A lo lejos, las torres y edificios de la ECCM.

Esta mañana, cuando, según Lidia Rodríguez, ya se ha recolectado el 95 % del producto concentrado en el mar, y ese producto ha sido tratado y recuperado en plantas de la Empresa, el equipo de Cienfuegos y otros enviados por Cupet empezaron la recuperación del litoral. En El Tenis, cerca de Los Pinitos, no hubo que hacer mucho: recoger los plastrones incrustados en el sargazo. Los hombres de Reuco visten uniformes azules, guantes y botas de goma desechables. No llevan máscaras ni cosas raras. No hacen falta. Van por entre las rocas fumigándolas con Crystal Simple Green, que sale a presión de aquellas mochilas plásticas que llevan puestas. Limpieza gruesa. La intermedia se hace con bombas de achique que lanzan agua a presión sobre las rocas. Y hay un tercer paso, limpieza fina, que se hace a mano, utilizando espátulas. La roca vuelve a su color normal. Si quedan residuos se hace una limpieza fina extrema con paños absorbentes, como se limpia un mueble.

La tubería blanca en la arena es una barrera oleofílica, que no se impregna de agua, sino únicamente de hidrocarburos, y así no se recontamina el mar con el churre que desprende la limpieza. Estas barreras luego se incineran. Se cambian. El alquitrán recogido se mete en tanques de 1 000 litros y se lleva en camiones a un cuartón de biorremediación, parte de la Empresa. Dice Lidia que luego verán qué hacer con eso, que tal vez sirva para hacer el asfalto que falta al otro lado de la línea, frente a la base Camilo Cienfuegos, a ver si Yosián no se embarra los tenis antes de ir a pescar.

Sobre el autor

Jesús Jank Curbelo

Graduado de periodismo en 2016. Ha publicado la novela Los Perros (Ed. Guantanamera, España, 2017) y textos en revistas y antologías en Cuba, España y México. Ha ejercido también como guionista de espacios radiales dramatizados. Actualmente, trabaja como reportero en el diario Granma, donde mantiene la columna Selfie, y escribe los blogs Suite y Casi Cayéndose.

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